El Mundial está a siete días de distancia y la justa futbolística se desarrolla en el periodo de mayor demanda energética en las tres ciudades sede, lo que puede poner presión al abasto de energía y afectar las actividades, sobre todo, del sector industrial del país.
De acuerdo con datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la demanda de energía del Sistema Eléctrico Nacional creció 3.5% en 2023, mientras que la capacidad de generación solo subió 0.6% y la brecha no se ha cerrado.
En este sentido, un apagón podría causar pérdidas por u$s 200 millones por cada hora sin suministro eléctrico, señala el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index).
En ese sentido, los apagones de 2024 afectaron en promedio 4% las ventas de las industrias impactadas, sin contar daños a maquinaria ni penalizaciones por entrega, revelan estimaciones de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra). El Mundial 2026 extiende ese riesgo a 39 días consecutivos en tres ciudades simultáneas.
Sin embargo, el problema no se arregla con mayor generación de energía, sino con una mejora en la distribución de la energía, a lo que se suma una ausencia de monitoreo predictivo en la última milla de la red.
“El problema no empieza el día del apagón. La red ya opera sin el margen de reserva necesario para absorber picos sostenidos. El Mundial añade 39 días de presión simultánea en tres ciudades. Las instalaciones sin redundancia validada no están ante un riesgo eventual: están ante una certeza estadística”, advierte Alejandro Lavín, especialista técnico en infraestructura crítica de Eaton México.
El Mundial es la fecha más visible, no la única. Las olas de calor, las lluvias y los picos de demanda industrial ocurren todos los años. Las empresas que resuelvan su resiliencia eléctrica antes del segundo trimestre no solo estarán listas para el torneo, estarán construyendo el estándar operativo que sus socios norteamericanos van a medir durante la próxima década.