El año pasado, Petróleos Mexicanos (Pemex) concluyó con una producción de hidrocarburos líquidos de 1.6 millones de barriles diarios, la cifra más baja desde 1979.
En ese año, la producción de petróleo en México detonó a partir de la entrada en operación del pozo Cantarell, que en su pico de producción en 2004, alcanzó una producción de 2.1 millones de barriles.
En 2004, el pozo más grande de la historia del país producía más que la extracción conjunta de nueve activos petroleros que tiene la empresa en la actualidad, incluido el mismo Cantarell.
De acuerdo con Banamex, la producción de 2025 representó una caída anual de 7%, debido a la declinación de los campos Maloob-Zaap, Tupilco profundo y Quesqui.
A esto se suman retrasos en la producción de petróleo, por ejemplo, un desfase en la instalación de infraestructura marina del campo Xanab, así como retrasos en la planta de reducción de contrapresión de Quesqui.
Sin embargo, se observa una “cierta estabilización” y recuperación respecto a los niveles mínimos históricos del primer trimestre del año pasado.
El área de Análisis Económico de Banamex detalló que del total de la producción petrolera, 63% corresponde a los campos marinos, por lo que la producción de la empresa depende de campos maduros.
Además, la producción actual de hidrocarburos líquidos, es decir petróleo y condensados, está lejos de la meta establecida por el Gobierno Federal, de la presidenta Claudia Sheinbaum, que espera alcanzar 1.8 millones de barriles diarios al cierre del sexenio, lo que significaría regresar al nivel de producción de 2018.
¿Estrategia financiera equivocada?
Banamex recordó que desde el sexenio pasado y en esta administración, la estrategia de Pemex se ha centrado en la “soberanía energética”, que implica incrementar la capacidad del Sistema Nacional de Refinación (SNR) y reducir la exportación de petróleo.
En este sentido, las 7 refinerías que tiene el país aumentaron el procesamiento de petróleo en 44% anual, lo que implica transformar el petróleo en más diésel y gasolina.
“Si bien se ha incrementado la utilización de la capacidad de refinación, no es claro que esta estrategia sea financieramente óptima”, señala el estudio.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), la inversión en refinación a nivel mundial va a la baja, pues el año pasado cerró en u$s 30,000 millones, lo que representó su nivel más bajo en al menos una década, mientras que la capacidad de producción mundial se mantuvo prácticamente estancada.