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Durante siglos, las cuatro estaciones del año funcionaron como un reloj natural casi perfecto para los seres vivos. Primavera, verano, otoño e invierno han marcado los ritmos biológicos, agrícolas y sociales a lo largo de la historia. Sin embargo, esa idea empieza a mostrar fisuras en función de nuevos estudios.
Un debate reciente ha vuelto a poner el foco en una cuestión tan cotidiana como invisible: la gravedad. No se trata solo del cambio climático ni de variaciones meteorológicas extremas, sino de una discusión más profunda sobre cómo se organizan los ciclos del universo y, por extensión, los ciclos naturales del planeta.
La hipótesis no es nueva ni está cerrada, pero en las últimas semanas volvió a circular con fuerza en ámbitos académicos y divulgativos. Lo que propone conecta estaciones, ciclos y gravedad con una forma distinta de entender la manera en que funciona el universo.

Gravedad, ciclos naturales y el orden del universo
El físico Melvin Vopson, de la Universidad de Portsmouth, plantea que la gravedad podría no ser una fuerza fundamental, sino el resultado de un proceso que optimiza información. Según su enfoque, el universo tendería a organizarse de la manera más eficiente posible, reduciendo la “entropía de la información”.
En ese marco, los ciclos —desde la agrupación de la materia hasta los procesos planetarios— responderían a esa lógica de optimización. Las estaciones del año, entendidas como parte de sistemas complejos, no serían ajenas a ese ordenamiento físico más amplio.
La idea no afirma que las estaciones hayan “desaparecido”, sino que los ciclos pueden alterarse cuando cambian las condiciones que los sostienen. La gravedad, en este planteo, actuaría como un mecanismo que empuja a configuraciones más estables y menos costosas en términos informacionales.
Entropía de la información, estaciones y qué dice la ciencia
El concepto clave es la entropía de la información, distinto al de la entropía clásica de la termodinámica. Vopson propone que, al agruparse la materia, se necesita menos información para describir el sistema, y que la gravedad sería la manifestación física de ese proceso.

La comunidad científica observa estas ideas con cautela. Para que una hipótesis así se consolide, debe ofrecer predicciones nuevas y comprobables, además de ser compatible con teorías ya probadas como la relatividad general.
Por ahora, este enfoque no reemplaza los modelos actuales sobre estaciones, ciclos climáticos ni dinámica planetaria. Pero sí reabre un debate más amplio: si el universo funciona como un sistema que “calcula”, los cambios en los ciclos naturales podrían tener causas más profundas que las visibles a simple vista.














