

En esta noticia
Mientras nombres como Carlos Slim o Ricardo Salinas Pliego dominan el imaginario de los grandes millonarios en México, existe una familia cuyo poder económico rivaliza con ellos, pero lejos de los reflectores: los hermanos Coppel Luken.
Enrique, Rubén, Alberto, José y Agustín heredaron y expandieron un imperio nacido en Sinaloa, hoy presente en todo el país. Con más de 1,700 tiendas y un modelo basado en el crédito al consumo, el grupo Coppel se volvió parte de la vida cotidiana de millones de mexicanos.
La clave de su historia no es solo su alcance comercial, sino su discreción. Sin escándalos ni protagonismo mediático, la fortuna conjunta de la familia alcanza los u$s43,200 millones, una cifra que los coloca entre las mayores fortunas de América Latina.

El imperio del retail que conquistó a la clase media de México
Grupo Coppel es mucho más que una cadena de tiendas departamentales. Detrás de la venta de muebles y electrodomésticos, la compañía construyó un ecosistema comercial y financiero que hoy compite de tú a tú con la banca tradicional.
Desde sus inicios, Coppel apostó por un segmento históricamente excluido del crédito formal: la clase media y media-baja. Mientras otros retailers se concentraban en grandes ciudades y consumidores de alto poder adquisitivo, la empresa encontró su oportunidad en ciudades medianas y zonas populares, con una fórmula clave: crédito accesible, pagos semanales y cercanía territorial.
Esa estrategia le permitió construir una red de más de 1,700 tiendas en todo el país y convertirse, para millones de mexicanos, en la principal puerta de entrada. Para muchos, Coppel fue el lugar del primer televisor, el primer mueble y la primera tarjeta de crédito.
El verdadero núcleo del negocio, sin embargo, está en el crédito. BanCoppel se consolidó como uno de los mayores emisores de tarjetas del país, con requisitos flexibles y procesos ágiles. Un modelo exitoso, aunque polémico: mientras algunos critican las altas tasas de interés, otros destacan que permite la inclusión financiera de personas rechazadas por la banca tradicional.
La diversificación se completa con Afore Coppel, que administra el ahorro para el retiro de millones de trabajadores. Así, el grupo cerró un modelo integrado que acompaña al cliente desde la compra cotidiana hasta su futuro financiero.
u$s7,200 millones por cabeza: la riqueza equitativa de cada hermano
Cada uno de los hermanos —Enrique, Rubén, Alberto, José y Agustín— posee una fortuna individual estimada en u$s7,200 millones, una cifra que, analizada individualmente, los colocaría cómodamente en cualquier lista de los empresarios más ricos del mundo.
La equidad en la distribución sugiere una planificación sucesoria excepcional por parte de la generación anterior. En lugar de nombrar a un heredero principal o dividir el imperio en fragmentos competitivos, los fundadores optaron por un modelo de co-propiedad que incentiva la colaboración sobre la competencia. Cada hermano tiene tanto que ganar —y tanto que perder— que la unidad se convierte no solo en un valor familiar, sino en una necesidad económica.
El bajo perfil que los convierte en “multimillonarios callados”
En una era donde la visibilidad se equipará frecuentemente con el éxito, donde los multimillonarios tecnológicos tuitean sus pensamientos sin filtro y los magnates tradicionales buscan influencia política a través de la exposición mediática, los hermanos Coppel representan una anomalía fascinante. Optaron deliberadamente por el anonimato relativo, por mantener un perfil tan bajo que la mayoría de los mexicanos conoce la marca Coppel, pero no tiene idea de quiénes son sus dueños.
Esta estrategia de invisibilidad no es accidental ni producto de la timidez. Es una decisión empresarial calculada que les permitió concentrarse en lo que realmente importa: hacer crecer su negocio sin las distracciones, controversias y expectativas que inevitablemente acompañan a la fama pública.













