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La reducción de la jornada laboral a 40 horas por semana ya no es un proyecto de ley: es una realidad que arrancó formalmente el 1 de mayo en todo el país y que cambiará las condiciones de trabajo de millones de trabajadores antes de que termine la década.
Pero la pregunta que más importa ya no es cuántas horas se trabajarán, sino cuánto dinero llegará cada mes.
Según un análisis de Deloitte -reportado por El Economista- el impacto sobre los salarios dependerá directamente de lo que hagan las empresas durante la transición. Si apuesta por la productividad, los sueldos reales podrían crecer hasta 9.2%; si sólo cubren el hueco con horas extra, el poder adquisitivo podría caer.

Reducción de la jornada laboral: de qué dependerá el incremento de los salarios
Deloitte proyecta tres escenarios para el período 2027-2030. En el más favorable, con empresas que reorganizan procesos y elevan su eficiencia, los salarios reales crecerían 9.2% y el desempleo caería a un histórico de 2.9%. En el escenario intermedio, la mejora salarial sería de 3.7%, pero el desempleo subiría a 3.4%. Y en el panorama más oscuro -donde todo se resuelve con pago de horas extra sin cambios de fondo- los salarios caerían 0.8%.
México trabaja más que nadie en la OCDE, pero produce menos
El informe pone sobre la mesa un dato incómodo: México ocupa el primer lugar entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en sobrecarga laboral, con 4.7 millones de personas trabajando más de 60 horas por semana. Paradójicamente, esas jornadas extensas no se traducen en más productividad.
Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya identifica el estrés laboral como factor asociado a enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en México.
Las empresas solo tienen 7 meses para organizarse con la reducción de la jornada laboral
Con la entrada en vigor de la reforma secundaria el 1 de mayo, las empresas tienen hasta el 1 de enero de 2027 para ajustar turnos, metas y esquemas de trabajo antes de que entre en vigor la primera reducción de dos horas. Esos siete meses serán decisivos.
La experiencia en Chile e Islandia -casos mencionados por Deloitte- muestra que el punto está en incorporar tecnología, eliminar tiempos muertos y concentrar el esfuerzo en tareas críticas. En Islandia, por ejemplo, este modelo aumentó la productividad 1.5% en cuatro años.















