

Existe la noción generalizada de que migrar a Europa trabajando en la construcción es la puerta de salida definitiva a la precariedad latinoamericana. La ecuación parece matemática: salarios en divisas fuertes, alta demanda de mano de obra y estabilidad económica a cambio de esfuerzo físico.
Sin embargo, la realidad suele destruir los cálculos más optimistas. En cuestión de segundos, el sueño del progreso en el viejo continente puede transformarse en una carrera por la supervivencia donde el dinero pierde todo su valor.
Así lo vivió Jesús Jerónimo Pérez, un oficial albañil mexicano de 56 años originario de Tulpetlac, Ecatepec. Tras ser reclutado para aplicar acabados y pintura en residencias de lujo en Kiev, pasó de percibir ingresos envidiables a escapar con lo puesto a bordo de un vuelo de rescate de la Fuerza Aérea Mexicana. En entrevistas brindadas a Milenio y Excélsior, su balance tras la travesía desafía cualquier lógica financiera: “Vuelvo a empezar desde cero, pero prefiero mi país”.

¿Cómo pasó de la prosperidad en Kiev al abandono total?
Jesús llegó a Europa central atraído por oportunidades de trabajo en la construcción que superaban con creces el mercado mexicano. Tras una estancia en Hungría, un intermediario lo trasladó a la capital ucraniana con la promesa de ingresos de hasta 15.000 pesos quincenales, una cifra casi inalcanzable para un trabajador informal en el Estado de México.
El trabajo fluía y las condiciones se cumplían hasta que comenzó la invasión militar. “Escuchamos el tronido y luego dijeron: ‘¡Corre, corre!’, y ya, corrimos como pudimos”, relata sobre el instante en que retumbaron las detonaciones. “Me tocó, pero no lo fuerte... No estuve en combate ni tomé las armas, pero estuve ahí en el lugar equivocado”.
La emergencia no solo interrumpió la obra; reveló la fragilidad de su condición laboral. En medio del caos de los primeros bombardeos, el contratista que lo administraba desapareció sin liquidar los sueldos adeudados.
“Fue una persona la que nos llevó a Ucrania hace un mes, pero quién sabe quién es. De hecho, se fue hasta con el dinero, ya ni nos pagó, solo se fue porque, como fue ‘la sorpresa’ esa que nos tocó, pues así, ya no lo vimos”, revela Jesús.
La diferencia de salario que recibía en Ucrania en comparación con México
El retorno a Ecatepec significó pasar del pico de ingresos a la incertidumbre diaria de la informalidad local. De ganar 15,000 pesos por quincena en obras europeas, Jesús pasó a depender de pequeños encargos temporales obtenidos gracias a la visibilidad mediática de su repatriación.

“Era un poquito mejor, estaba ganando como 15 mil pesos a la quincena; aquí he hecho unas chambitas de 1,100 en quince días”, admite sobre el drástico ajuste financiero.
No obstante, para lograr escapar, tuvo que abandonar sus pertenencias: “Apenas salí con lo que llevaba puesto”. La brecha de ingresos es de más del 90%, pero la percepción del riesgo cambió drásticamente su escala de prioridades.
Al ser cuestionado sobre qué le quedaba de su aventura europea, su respuesta fue tajante: “¿Qué extraño de Ucrania? Nada, nada más me traje el susto".
La realidad de migrar y trabajar en zonas de conflicto
La historia de Jesús expone el vacío normativo al que se enfrentan los trabajadores de la construcción reclutados de manera informal para obras internacionales. Sin contratos garantizados ni redes de protección, la vulnerabilidad se dispara ante contingencias geopolíticas.
Pese a la estrechez económica actual, su postura no deja lugar a dudas sobre el valor de la seguridad personal frente al beneficio económico. “Ahí más o menos vamos a empujones, como los niños cuando empiezan a gatear”, afirma sobre su adaptación laboral en México.
Ahora bien, descartó un retorno inmediato a Europa: “Ahorita no regresaría, a lo mejor a trabajar después de la guerra, pero ahorita está todo deshecho. En mi país es muy diferente”.
Hoy, tras haber sobrevivido a la invasión y a la estafa, resume con humor y pragmatismo la lección que le dejó la travesía: “Voy a contarle a Ecatepec cómo suenan las bombas y cómo un mexiquense escapó de la invasión rusa”.













