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La tensión entre Estados Unidos y México ha alcanzado un punto crítico tras los recientes eventos en Sudamérica, particularmente la captura de Nicolás Maduro. Con la mirada de Donald Trump puesta ahora en su propio “vecindario”, surge una interrogante que sacude a la región: ¿podría Estados Unidos iniciar una intervención militar en 2026 para aniquilar a los cárteles del narcotráfico?.

Si bien el gobierno de Claudia Sheinbaum rechazó categóricamente cualquier injerencia extranjera, el escenario de una invasión para eliminar organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) o el Cártel de Sinaloa es un tema que genera debate en Washington.

El plan de Estados Unidos para México y el narcotráfico

En términos estrictamente militares, la superioridad de Estados Unidos es indiscutible. El país cuenta con más de 1,800,000 tropas disponibles, frente a los 420,000 hombres (entre regulares y reservistas) que México tiene a su servicio. Sin embargo, una invasión no sería tan sencilla debido a la complejidad de compartir más de 3,000 kilómetros de frontera y una cultura profundamente entrelazada.

Especialistas sugieren que, ante un avance estadounidense, México no solo utilizaría a su ejército, el cual posee armamento especializado como el fusil FX-05 Xiuhcóatl, sino que podría verse un fenómeno de resistencia asimétrica:

  • Guerra de guerrillas: Los cárteles, expertos en el control de zonas inaccesibles, podrían actuar como una “célula talibán nacional” para defender el territorio.
  • Conocimiento del terreno: Los grupos criminales dominan sierras, desiertos y el uso de drones y explosivos caseros, herramientas clave en una guerra de desgaste.
  • Ataque a infraestructuras: EE. UU. tiene la capacidad de destruir puertos y bases navales en minutos, pero controlar una nación de tal extensión y tradición de lucha armada es un desafío logístico masivo.
El país podría recibir una fuerte influencia de Estados Unidos en su lucha contra el narco.

La estrategia de Trump: ¿Ataque relámpago o presión económica?

Para evitar una guerra larga y costosa que afecte la economía global, se especula que Trump preferiría un “golpe duro y poderoso” que destruya centros estratégicos en cuestión de horas, similar a la eficacia mostrada en operativos recientes en Caracas. No obstante, figuras como Marco Rubio sostienen que México debería simplemente aceptar la ayuda militar y logística estadounidense, calificando al país como un “narcoestado” fuera de control.

A pesar de la retórica bélica, muchos analistas consideran que antes de las balas, el “Tío Sam” agotará otros mecanismos de presión:

  1. Tarifas económicas: Bloqueos comerciales que obliguen al gobierno mexicano a intensificar sus propias acciones contra el narco.
  2. Presión diplomática: Forzar la cooperación bajo la amenaza de perder legitimidad política.
  3. Apoyo externo: Existe el riesgo de que México busque alianzas con potencias rivales como Rusia o China si se siente bajo asedio.

El objetivo final de ambas naciones sigue siendo el mismo: mejorar la seguridad fronteriza y erradicar el narcotráfico. El conflicto reside en que, hasta ahora, no hay acuerdo sobre los métodos, y en geopolítica, las chispas más pequeñas suelen encender los incendios más grandes.