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Una imagen captada durante la misión Artemis I muestra un momento impactante desde el punto de vista visual: la Tierra se oculta detrás del horizonte lunar y deja de ser visible en el encuadre. En ese instante, el planeta desaparece del campo de visión de la cámara, quedando únicamente la superficie lunar y el espacio como referencia.

Esta fotografía tomada desde la nave Orión no solo documenta un fenómeno astronómico, sino que nos enfrenta a nuestra fragilidad cósmica, recordándonos que toda la civilización puede ocultarse tras el borde de otro mundo en cuestión de segundos.

La cámara externa de Orión captó el instante en que la Tierra se oculta detrás del borde lunar, dejando solo el paisaje lunar y el vacío del espacio como referencia. Fuente: Shutterstock.

Cuando la Luna devoró a la Tierra: el instante que cambió nuestra perspectiva

El 21 de noviembre de 2022, durante el sexto día de la misión Artemis I, una cámara externa de la nave espacial Orión capturó algo extraordinario: la Tierra poniéndose detrás del brillante borde lunar.

En ese momento preciso, ocho mil millones de seres humanos, junto con toda la historia, cultura y vida del planeta, se desvanecieron momentáneamente del campo visual de la nave.

La imagen muestra el borde iluminado de la Luna en primer plano, mientras la Tierra se desplaza fuera del campo de visión. En lugar de observar el Sol ocultarse tras el horizonte terrestre, en este caso es el planeta el que queda oculto detrás de otro cuerpo celeste. La fotografía registra el momento exacto en el que la Tierra deja de ser visible desde la perspectiva de la misión.

Desde el espacio profundo, la Tierra puede desaparecer del encuadre en cuestión de segundos, sin que haya cambios visibles en la imagen más allá de la ausencia del planeta. Esa pérdida de referencia visual subraya la escala del entorno espacial y la distancia a la que se encuentra la nave.

La fotografía se convirtió en un símbolo de la fragilidad de nuestra posición en el cosmos, y se la compara con la imagen del “Punto Azul Pálido” tomada por la Voyager 1 en 1990, en la que la Tierra aparecía como un punto extremadamente pequeño en el espacio.

A 130 kilómetros de la superficie lunar: el viaje sin precedentes de Orión

La nave espacial Orión no estaba simplemente pasando cerca de la Luna cuando capturó esta imagen. Se dirigía hacia un sobrevuelo propulsado meticulosamente calculado que la acercaría a solo 130 kilómetros de la superficie lunar, una proximidad que permitiría a los instrumentos y cámaras de la nave documentar el terreno lunar con un detalle extraordinario.

Esta maniobra de sobrevuelo no era un simple acercamiento turístico. Cada kilómetro recorrido, cada segundo de la trayectoria había sido calculado con precisión milimétrica por los ingenieros de la NASA. El objetivo principal era aprovechar la gravedad lunar para impulsar a Orión hacia su próximo destino: una órbita retrógrada distante que la llevaría más lejos de la Tierra de lo que cualquier nave diseñada para humanos había viajado jamás.

La velocidad ganada durante este sobrevuelo fue crucial. Al pasar tan cerca de la superficie lunar, Orión experimentó un efecto de “honda gravitacional”, utilizando la atracción de la Luna para acelerar y modificar su trayectoria sin gastar combustible precioso. Es la misma técnica que permitió a sondas espaciales como la Voyager alcanzar los confines del sistema solar.

Una vez completado el sobrevuelo, Orión se insertó en una órbita verdaderamente excepcional: una órbita retrógrada distante ubicada a 92.000 kilómetros más allá de la cara opuesta de la Luna. “Retrógrada” significa que la nave orbitaba en dirección contraria a como la Luna orbita la Tierra, una configuración inusual pero extremadamente estable que requiere muy poco combustible para mantener.

Momento exacto en que la Tierra desaparece de la visión, registrado por la NASA.NASA

Más lejos que nunca: Orión rompe el récord del Apolo 13

El 28 de noviembre de 2022, la nave Orión también alcanzó un hito que quedará grabado en los libros de historia de la exploración espacial: superó la distancia máxima jamás alcanzada por una nave diseñada para transportar humanos, un récord que había permanecido intacto durante más de 50 años.

El récord anterior lo ostentaba el Apolo 13, aquella misión que se convirtió en sinónimo de “fracaso exitoso” después de que una explosión en el módulo de servicio obligara a la tripulación a abortar el alunizaje y utilizar el módulo lunar como bote salvavidas para regresar a casa. Durante su trayectoria de emergencia alrededor de la Luna, el Apolo 13 alcanzó aproximadamente 400.000 kilómetros de distancia de la Tierra.

Orión superó esta marca, alcanzando poco más de 400.000 kilómetros de nuestro planeta. Aunque la diferencia puede parecer marginal en términos absolutos, el significado simbólico es profundo: más de cinco décadas después del programa Apolo, la humanidad finalmente está empujando los límites de nuestro alcance en el espacio una vez más.

Pero este récord no fue establecido por vanidad. La órbita retrógrada distante que permitió a Orión alcanzar esta distancia extrema es precisamente el tipo de trayectoria que se utilizará para futuras misiones tripuladas. Es un espacio de pruebas ideal: lo suficientemente lejos como para desafiar los sistemas de la nave y simular condiciones de viaje al espacio profundo, pero lo suficientemente cerca como para permitir un retorno relativamente rápido en caso de emergencia.

Durante su tiempo en esta órbita, Orión demostró la capacidad de sus sistemas de soporte vital, comunicaciones, navegación y propulsión para funcionar a distancias donde la Tierra es apenas un punto de luz. Los datos recopilados durante esta fase de la misión están siendo utilizados para refinar los diseños y procedimientos que eventualmente llevarán astronautas no solo alrededor de la Luna, sino también a su superficie y, algún día, a Marte.