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Dice la historia que, hace ocho siglos, un monje en el Monte Athos tomó un manuscrito de 1.500 años de antigüedad y lo deshizo. Borró sus páginas, recortó el pergamino y lo repartió entre encuadernaciones de otros libros.

Era una práctica común en la Edad Media: el material escaseaba y los textos deteriorados se reciclaban sin mayores miramientos. Lo que ese monje no sabía es que la tinta nunca desaparece del todo. Deja huellas. Y la ciencia, siglos después, aprendió a leerlas.

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Glasgow acaba de anunciar la recuperación de 42 páginas del Códice H, una copia del siglo VI de las cartas de San Pablo considerada uno de los manuscritos más importantes del Nuevo Testamento.

No encontraron páginas nuevas: las reconstruyeron a partir de marcas casi invisibles que la tinta original dejó impresas en el reverso de hojas adyacentes, como una especie de fotografía accidental del texto perdido.

Imágenes multiespectrales permitieron detectar los rastros imperceptibles de tinta antigua y reconstruir el texto oculto durante siglos. Fuente: Shutterstock.

Cómo la tinta antigua dejó una huella que ningún borrado pudo eliminar

Cuando las páginas del Códice H fueron sobrescritas en el siglo XIII, los químicos de la nueva tinta reaccionaron con los restos de la tinta original y transfirieron una imagen especular del texto a las hojas enfrentadas. Era una huella casi imperceptible a simple vista, pero suficiente para que la tecnología moderna pudiera capturarla.

El equipo utilizó imágenes multiespectrales, una técnica que fotografía el material bajo distintas longitudes de onda de luz, incluyendo infrarrojo y ultravioleta. Al combinar y analizar esas capas, los investigadores pudieron aislar los trazos fantasmas del texto original y reconstruir su contenido. Para confirmar que el pergamino correspondía efectivamente al siglo VI, laboratorios en París realizaron pruebas de datación por radiocarbono, cuyos resultados coincidieron con la antigüedad esperada del manuscrito.

Qué dicen las páginas recuperadas y por qué importan más allá de su contenido

Buena parte de lo que contienen estas páginas ya era conocido: fragmentos de las cartas del apóstol Pablo que existen en otras copias. Pero el hallazgo no vale por lo que dice, sino por cómo lo dice y cómo lo organiza.

Entre el material recuperado figuran lo que los investigadores identifican como los ejemplos más antiguos conocidos de listas de capítulos de las cartas paulinas. Esas divisiones difieren notablemente de las que usa la Biblia actual, lo que abre preguntas sobre cómo se estructuraban y leían estos textos en la antigüedad.

Además, las páginas conservan correcciones, anotaciones y marcas de los propios copistas del siglo VI, una evidencia directa de cómo se transmitían y revisaban las escrituras sagradas en la práctica cotidiana.