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En uno de los lugares más inhóspitos del planeta, donde las temperaturas alcanzan extremos letales y las tormentas de arena arrasan todo a su paso, China está logrando lo imposible.

El desierto de Taklamakán, conocido como uno de los desiertos de arena más grandes del mundo, está siendo transformado mediante una combinación audaz de tecnología solar, técnicas ancestrales y una determinación que desafía las leyes de la naturaleza.

Este proyecto monumental, que comenzó en 1978 y se proyecta hasta 2050, representa una de las intervenciones ambientales más ambiciosas de la historia humana.

El desierto de Taklamakán es escenario de uno de los mayores proyectos de control de la desertificación del mundo. Fuente: Shutterstock.
El desierto de Taklamakán es escenario de uno de los mayores proyectos de control de la desertificación del mundo. Fuente: Shutterstock.

El tablero de ajedrez que detiene las dunas: la técnica milenaria que salva carreteras enteras

La ingeniería china revolucionó el control de dunas con un método tan simple como efectivo: el sistema de “tablero de ajedrez” con paja. Imagina miles de trabajadores enterrando haces de paja en patrones geométricos perfectos sobre la arena móvil del desierto. Esta rejilla natural reduce la velocidad del viento a nivel del suelo, estabilizando las dunas que amenazaban con sepultar la carretera de 522 kilómetros que atraviesa el desierto de Taklamakán.

Pero la magia va más allá. A medida que la paja se descompone bajo el sol abrasador, enriquece el suelo con materia orgánica y retiene la humedad necesaria para las primeras plántulas. Este proceso permitió crear un cinturón de vegetación protectora de 436 kilómetros continuos, convirtiendo lo que era una batalla perdida contra la naturaleza en un corredor verde que reduce drásticamente los costos de mantenimiento y protege infraestructuras vitales.

Paneles solares en el infierno: cómo 200 árboles sobreviven donde nada debería crecer

En un ambiente donde las temperaturas veraniegas son abrasadoras y los inviernos helados, mantener vida vegetal parece una locura. Sin embargo, China implementó un sistema de riego por goteo subterráneo alimentado por energía solar que desafía toda lógica. Más de cien pozos bombean agua constantemente, mientras los paneles solares capturan la intensa radiación del desierto para convertirla en vida.

El sistema no está exento de controversias. Los científicos advierten sobre el uso de aguas subterráneas con alta salinidad y los riesgos de agotamiento del nivel freático. Algunas narrativas populares mencionan plantas solares con torres centrales y almacenamiento térmico en sal fundida a 540°C, aunque la documentación no confirma su conexión directa con el proyecto de Taklamakán. Lo que sí es innegable es que cada árbol plantado representa una victoria sobre uno de los entornos más hostiles de la Tierra.

3.000 kilómetros de muralla verde: el cinturón que rodea un desierto completo

En noviembre de 2025, China anunció la finalización de un logro que parecía sacado de la ciencia ficción: un cinturón verde de aproximadamente 3.000 kilómetros rodeando completamente el desierto de Taklamakán. Esta “Gran Muralla Verde” forma parte del ambicioso Programa del Cinturón Forestal de las Tres Regiones del Norte, que desde 1978 estuvo plantando árboles a escala industrial.

Los números son apabullantes: la cobertura forestal de China aumentó del 10% en 1949 a más del 25% a finales de 2023, con decenas de millones de hectáreas plantadas. El objetivo no es solo estético; se trata de frenar la desertificación, reducir la erosión del suelo y disminuir las tormentas de polvo que afectan los centros urbanos del norte del país. Este megaproyecto ha inspirado iniciativas similares en otras regiones áridas del mundo.

La meseta tibetana, localizada entre la cordillera del Himalaya (al sur) y el desierto de Taklamakán (al norte). Foto: Wikipedia
La meseta tibetana, localizada entre la cordillera del Himalaya (al sur) y el desierto de Taklamakán (al norte). Foto: Wikipedia

El precio oculto del paraíso artificial: las críticas que China no quiere escuchar

Detrás del triunfalismo oficial, investigadores y ambientalistas levantaron banderas rojas. La principal crítica apunta al uso de pocas especies de rápido crecimiento, creando monocultivos vulnerables a plagas, enfermedades y fenómenos meteorológicos extremos. En un ecosistema tan frágil, un solo patógeno podría devastar décadas de trabajo.

El consumo de agua es otro talón de Aquiles. Los estudios académicos cuestionan si los volúmenes necesarios para mantener esta vegetación son sostenibles a largo plazo en una región extremadamente árida. La salinización del suelo por el uso de aguas subterráneas salinas amenaza con convertir el oasis artificial en tierra estéril. Los expertos insisten en que se requiere monitoreo constante para evaluar si los beneficios justifican los riesgos ambientales y el posible agotamiento de recursos hídricos vitales.