En esta noticia

Donald Trump aseguró este lunes que las campañas militares contra Irán “continúan en plena marcha” y que las fuerzas estadounidenses e israelíes han logrado destruir el 90% de la capacidad balística iraní y el 95% de sus drones de ataque. Las declaraciones, realizadas en una conferencia de prensa en la Casa Blanca antes de un almuerzo en el Kennedy Center, marcan una escalada retórica significativa al apuntar por primera vez de manera explícita a la infraestructura energética del régimen iraní.

El pasaje que concentró mayor atención fue la referencia directa a la isla de Kharg, la principal terminal de exportación de crudo de Irán y uno de los nodos más críticos de la economía iraní. “Puede que los oleoductos no sigan en pie”, dijo el presidente estadounidense ante los periodistas, sin ofrecer mayores detalles sobre plazos ni sobre si la decisión ya estaba tomada.

La amenaza, formulada con deliberada ambigüedad, fue suficiente para encender las alarmas en los mercados energéticos internacionales. Kharg concentra aproximadamente el 90% de las exportaciones petroleras iraníes, y un ataque sobre esa instalación tendría consecuencias inmediatas sobre el precio global del crudo y sobre el abastecimiento de decenas de países.

Trump enmarcó la posible ofensiva sobre la infraestructura petrolera dentro de un objetivo estratégico más amplio: desmantelar la capacidad iraní de reconstruir su arsenal militar.

Según el mandatario, las operaciones ya apuntan a las instalaciones de fabricación de misiles y drones, buscando no sólo degradar el poder de fuego actual de Teherán sino también impedir su recomposición a mediano plazo. “La fuerza aérea se fue, la marina se fue, los barcos, los aviones, los líderes, se fueron”, afirmó con tono categórico, dibujando un panorama de colapso militar iraní que sus propios aliados no han podido verificar de manera independiente.

Trump también aprovechó la conferencia para presionar a los aliados que han mostrado reticencias frente a su llamado de enviar buques de guerra al estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita una parte sustancial del petróleo mundial. “Durante 40 años los hemos protegido y no quieren involucrarse”, reprochó. Y agregó: “Alentamos firmemente a las otras naciones a que se involucren con nosotros, y que lo hagan rápido y con gran entusiasmo.”

En ese contexto, el mandatario reveló que la relación de Estados Unidos con Venezuela atraviesa un momento que describió como “fantástico”, elogiando a la nueva presidenta Delcy Rodríguez por hacer “un muy buen trabajo”.

La mención no fue casual: Trump sugirió que el suministro de crudo venezolano forma parte de los esfuerzos de Washington para compensar las disrupciones energéticas derivadas del bloqueo del estrecho de Ormuz.

“Estamos consiguiendo millones de barriles”, señaló, dejando entrever una reconfiguración de las alianzas energéticas que hasta hace poco parecía impensable dado el historial de sanciones de su propia administración contra Caracas. “Tenemos una gran relación y está pasando más”, agregó.

Desde el inicio del conflicto, según cifras proporcionadas por el propio Trump, Estados Unidos habría atacado más de 7000 objetivos en todo el territorio iraní. “El mundo y Estados Unidos, con la ayuda de Israel, están haciendo lo que había que hacer hace muchos años”, sostuvo, justificando la campaña como una corrección histórica largamente postergada.

Israel planifica al menos tres semanas más de operaciones

Mientras Trump hablaba en Washington, el ejército israelí bombardeó durante la noche objetivos en distintos puntos de Irán, en lo que Tel Aviv describió como parte de un plan detallado que contempla al menos tres semanas adicionales de guerra.

En paralelo, ataques con drones iraníes provocaron el cierre temporal del aeropuerto de Dubái e impactaron una importante instalación petrolera en Emiratos Árabes Unidos, señal de que Teherán conserva capacidad ofensiva a pesar del golpe recibido. El conflicto, lejos de aproximarse a un desenlace, parece ingresar en una fase de mayor intensidad.