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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insinuó este jueves que evalúa cambiarle el nombre al océano Atlántico o al Pacífico para llamarlo “Océano América”. Lo dijo en el Despacho Oval, mientras firmaba la orden que renombra el lago Ontario, apenas meses después de imponer el cambio a golfo de América.
“Ahora solo nos falta un océano. Quizás cambiemos el Atlántico y/o el Pacífico”, declaró Trump ante la prensa. La propuesta llega en medio de la escalada comercial con Canadá, que responde con aranceles de hasta el 50% a productos estadounidenses desde Canadá.
El mandatario ya había cuestionado la denominación de otros territorios vecinos. A comienzos de su gestión, renombró el golfo de México y generó fuertes críticas del gobierno de México, que rechazó la medida y defendió su soberanía territorial.
La ofensiva geográfica de Trump no se limita a la región. El republicano también reclama el control de Groenlandia y reactivó viejas ambiciones territoriales, lo que genera tensión con sus aliados históricos en Europa.
El mandatario remarcó que no descarta avanzar con la medida en el corto plazo, aunque no precisó fechas ni el proceso legal que seguiría para formalizar el cambio.
La propuesta se conoce mientras crece la tensión con Ottawa, luego de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, prometiera responder “dólar por dólar” a los nuevos aranceles impuestos por Washington.
Antecedentes: un golfo y un lago ya cambiaron de nombre
El 20 de enero de 2025, el mismo día de su asunción, Trump firmó la orden que rebautizó el golfo de México como golfo de América, una medida que generó fuerte controversia diplomática y mediática.
Meses después, en plena disputa arancelaria con Canadá, el mandatario firmó otra orden ejecutiva para cambiar el nombre del lago Ontario y lo rebautizó como lago América.
El decreto sobre el lago Ontario llegó un día después de que Trump tuviera una disputa verbal con el primer ministro canadiense, Doug Ford, en medio del conflicto arancelario con Canadá.
En Estados Unidos, plataformas como Google Maps y Apple Maps ya muestran golfo de América para los usuarios locales, mientras que fuera del país sigue apareciendo como golfo de México.
“Tenemos un golfo y tenemos un lago. Ahora solo nos falta un océano”, resumió Trump al justificar por qué también apunta a modificar la denominación de uno de los dos océanos que bañan a Estados Unidos.
El cambio de nombre del golfo de México generó rechazo inmediato de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que propuso llamar “América mexicana” a parte del territorio estadounidense en respuesta al gesto.
Alcances legales: sin validez fuera de Estados Unidos
Las órdenes ejecutivas firmadas por Trump solo modifican los registros y documentos oficiales de Estados Unidos. No tienen ningún efecto vinculante fuera del ámbito federal estadounidense.
Es decir, mapas internacionales, tratados y organismos como la ONU no están obligados a adoptar la nueva nomenclatura. Los cambios impulsados por Trump son simbólicos y rigen únicamente puertas adentro de su gobierno.
Especialistas en derecho internacional coinciden en que ningún país está obligado a reconocer estos cambios. La denominación de accidentes geográficos compartidos o internacionales depende de acuerdos multilaterales, no de decisiones unilaterales.
El debate recuerda otras disputas históricas por topónimos, como la del golfo Pérsico, al que algunos países árabes llaman golfo Arábigo sin que exista una denominación oficial reconocida por todos.
Golfo de América, lago América y un eventual océano América conforman una misma estrategia: proyectar el poder simbólico de Trump sobre el continente, en paralelo a sus disputas comerciales con Canadá y México.
La medida, de concretarse, sumaría un tercer capítulo a la política de renombramientos de Trump, que ya alcanzó a un golfo y un lago compartidos con dos de los principales socios comerciales de Estados Unidos.
Por ahora, Trump no dio precisiones sobre cuál de los dos océanos rebautizaría ni cuándo firmaría la eventual orden ejecutiva, aunque adelantó que la idea “ronda su cabeza desde hace tiempo”.