Opinión

Bolsonaro cambia para agradar al Congreso y reafirmar su autoridad sobre las Fuerzas Armadas

Luego de que circularan varios rumores a lo largo del lunes (29) sobre posibles cambios ministeriales, la Secretaría Especial de Comunicación del Ministerio de Comunicaciones dio a conocer una nota oficial confirmando cambios en seis áreas del gobierno brasileño. El propio presidente Jair Bolsonaro también confirmó los cambios en sus redes sociales. 

Este proceso que ya se viene gestando desde el final del año pasado debido al cambio de liderazgo presidencial en EE.UU.. Con el recrudecimiento de la segunda ola de la pandemia con su variante amazónica y la vuelta de Lula a la contienda electoral del 2022 avanzó rápidamente en esta Semana Santa.

Los cambios han sido los siguientes, en primer lugar, en el caso de la Casa Civil (Jefatura de Gabinete) el ministro General Braga Netto será trasladado al Ministerio de Defensa en sustitución del General Fernando Azevedo e Silva, siendo que el actual secretario de Gobierno de la Presidencia, el General Luiz Eduardo Ramos, asumirá la Casa Civil. 

En segundo lugar, la Secretaría de Gobierno será ocupada por la diputada Flávia Arruda (PL/DF) del famoso "Centrao" que sustituirá al General Ramos en el cargo.

En tercer lugar, al final ocurrió el tan esperado final de novela en el Itamaraty, donde el canciller Ernesto Araújo cederá su lugar al también diplomático Carlos França, titular de la Asesoría Especial de la Presidencia de la República, hombre igualmente muy cercano al presidente. 

El destino de Araújo aún no se ha anunciado. Y, por último, en la esfera de la justicia, en el caso específico del Ministerio de Justicia, el actual ministro André Mendonça dejará la cartera para volver a ser Fiscal General de la Nación, y el actual secretario de seguridad del Distrito Federal, Anderson Torres pasa a ser el nuevo ministro de Justicia.

Como se ha venido observando en las intensas negociaciones entre el Ejecutivo y el Congreso y los distintos espacios políticos, el cambio ministerial tiene dos objetivos. 

La primera es la reconstrucción y profundización de puentes con el Congreso Nacional mediante el nombramiento de una diputada del "Centrao" al frente de la articulación política entre el poder ejecutivo y legislativo. Y también el nombramiento de un integrante de la Policía Federal en la justicia, aunque no tiene mandato electivo, de alguna manera puede dar más visibilidad a los deseos parlamentarios de la bancada legislativa de seguridad (Bancada da Bala) en el Congreso.

Ya en el caso de la elección de la diputada primera mandato Flávia Arruda (PL/DF), que hasta entonces presidía la Comisión de Presupuestos, pasa a la Secretaría de Gobierno, reduciendo la influencia del ala militar sobre los ministerios más estratégicos y cercanos a la presidencia en el Palacio. 

A esto cabe señalar que el diputado federal Onyx Lorenzoni (DEM/RS) también perteneciente a la base aliada del gobierno, quien ocupó el Ministerio de la Ciudadanía, fue designado a la Secretaría General a fines de febrero último. Como resultado, dos de las cuatro carteras más importantes de la asesoría presidencial ahora estarán ocupadas por políticos y ya no militares o integrantes del ala ideológica. 

Por otro lado, la Oficina de Seguridad Institucional y la Casa Civil permanecen bajo el mando de los militares. La última, estará ahora bajo el mando del general Ramos; siendo que el General Braga Netto, entonces titular de la Casa Civil y principal articulador político entre el Planalto y el Congreso pasará a ocupar la cartera de Defensa.

El segundo objetivo de la reforma ministerial involucra el intento del presidente Jair Bolsonaro de reafirmar su autoridad dentro del propio gobierno, particularmente en la cúpula de las Fuerzas Armadas. 

El saldo neto de los cambios, sin embargo, refuerza el aislamiento del presidente ante las presiones políticas que han aumentado desde el agravamiento de la crisis sanitaria y llevó a la asunción del nuevo ministro de salud, el cardiólogo Marcelo Queiroga en lugar del General Pazuello, moderando el discurso anti-pandemia de Bolsonaro. La eventual destitución de los comandantes de las Fuerzas Armadas ya sea a pedido de ellos o por decisión del propio Bolsonaro, tiende a acentuar esta situación.

También es importante señalar que el presidente apostó por una reforma ministerial conservadora, ya que solo dos de los seis nuevos ministros no formaban parte del gobierno. Por lo tanto, será importante observar en qué medida los cambios contribuirán de hecho a reequilibrar las relaciones entre el Planalto y el Congreso Nacional.

 Igualmente importante será el estado de la relación entre el gobierno y la Corte Suprema de Justicia. Con la salida de Fernando Azevedo e Silva, Bolsonaro pierde un importante interlocutor con los ministros de la Corte, papel que se concentrará cada vez más en el nuevo Fiscal General de la Unión, André Mendonça.

Desde el punto de vista diplomático, el nombramiento del embajador Carlos França responde a dos criterios, en primer lugar, es un perfil moderado, como querían los diputados y senadores de la base aliada, y en segundo lugar, es un canciller sin el bagaje y la experiencia de otros embajadores, facilitando la interferencia del ala ideológica-olavista del gobierno en la futura política exterior. 

Por lo tanto, si por un lado la salida de Ernesto sugiere un mayor equilibrio para la Cancillería, por otro lado, no se puede descartar que el Ministerio sea inmune a las presiones de, por ejemplo, los hijos del presidente. Por ahora, no hay indicios de cambios en las secretarías del Ministerio de Relaciones Exteriores, sin embargo, históricamente, los cambios ministeriales en Itamaraty no necesariamente resultan en cambios en el segundo nivel de la cartera. Y nada indica que esto será diferente por la salida de Ernesto Araújo.

Bolsonaro hoy se encuentra maniobrando en terreno pantanoso, con una imagen impactada por la segunda ola de pandemia, una recuperación económica que aun no termina de despegar y una base aliada en el Congreso que lo blinda frente a posibles pedidos de juicio político, pero le exige a cambio lugares en los ministerios. 

No queda claro aun si la vuelta de Lula como posible candidato sea un problema o no para las aspiraciones electorales del presidente debido a la visible división que vive la izquierda en Brasil. Pero lo que si podemos afirmar es que hoy, Bolsonaro intenta moverse más al centro, buscando visiblemente bajar las tensiones con el mundo con una estrategia de reaproximación a China, EE.UU., Europa y Argentina; y al mismo tiempo profundizar sus lazos con su coalición de gobierno en el Congreso en detrimento del ala ideológica y militar, presentes desde el inicio de su mandato.

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