Tiene forma de herradura. Mide apenas 27 kilómetros cuadrados. No tiene población civil. Casi nadie sabe dónde queda. Y sin embargo, en las últimas horas se transformó en el símbolo más elocuente de hasta dónde está dispuesto a llegar Irán en la guerra con Israel y Estados Unidos.
Irán disparó dos misiles balísticos de alcance intermedio contra este enclave insular en el océano Índico, sede de una base militar conjunta de Estados Unidos y el Reino Unido, a unos 3.810 kilómetros de la costa iraní.
Históricamente, fue fundamental durante la Guerra Fría para vigilar a la Unión Soviética y recientemente fue el punto de lanzamiento para misiones de combate en las guerras de Afganistán e Irak.
Actualmente, está considerada indispensable para contrarrestar la creciente influencia de China en el Océano Índico y es una de las rutas marítimas por las que pasa gran parte del comercio mundial de petróleo.
Ninguno de los dos misiles iraníes alcanzó la base militar: uno falló en pleno vuelo y un buque de guerra estadounidense disparó un interceptor SM-3 contra el otro.
El objetivo era Diego García, la isla considerada “el ombligo del océano Índico”.
Diego García, la isla ‘perdida’ del Reino Unido que Irán atacó para demostrar hasta dónde llegan sus misiles
Hasta ahora considerada fuera del alcance de los misiles iraníes, la base militar de Diego García está situada en el atolón más grande del archipiélago de Chagos, en el corazón del océano Índico.
Localizada a medio camino entre África, el Golfo Pérsico, Asia meridional e Indonesia, aproximadamente a 1.600 kilómetros al sur de la India, su laguna de aguas profundas la convierte en un puerto natural perfecto para grandes buques de guerra y portaaviones.
La base militar, conocida como Camp Justice (aunque renombrada Camp Thunder Cove en 2006), fue establecida en la década de 1970, y es una de las dos instalaciones claves de bombarderos en Asia-Pacífico, junto con Guam.
También tiene capacidad para que allí se estacionen hasta 30 submarinos nucleares y buques destructores. Además, sus pistas de aterrizaje de 3.600 metros pueden recibir B-52, B-1 y B-2.
Su aislamiento geográfico, la ausencia de población civil y el acceso restringido la convierten en una posición prácticamente inexpugnable. O eso se creía.
Si bien el ataque de Irán contra la isla de Diego García no fue exitoso en términos militares, su significado geopolítico es enorme: implica que sus misiles tienen un alcance mayor del que Israel, Estados Unidos y el mundo entero suponían a esta altura de la guerra.
El mes pasado, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, había asegurado que Irán limitó deliberadamente el alcance de sus misiles a unos 2.000 kilómetros. Pero Diego García está casi al doble de esa distancia...
Este episodio encendió las alarmas en Europa. Porque si Irán puede apuntar al Índico, también puede poner en la mira al Viejo Continente.
El ataque no fue casual en timing: el gobierno británico anunció oficialmente que autorizaba a Estados Unidos a utilizar sus bases para golpear los sitios iraníes implicados en los ataques contra barcos en el estrecho de Ormuz.
Otra isla en la mira de Trump
Diego García arrastra también una controversia diplomática de décadas. La construcción de la base, iniciada en 1968, obligó al desplazamiento forzado de los isleños chagosianos hacia Mauricio y las Seychelles, quienes llevan décadas reclamando su derecho al retorno.
En 2019, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que la descolonización no fue legal.
En 2025, el Reino Unido firmó un acuerdo para devolver el archipiélago de Chagos a Islas Mauricio, pero conservó en arrendamiento la base militar de Diego García por 99 años. La decisión no fue bien recibida en Washington: Donald Trump la calificó de “gran estupidez”.
Ahora, con misiles iraníes apuntando hacia ella, la discusión sobre quién controla esa remota isla en forma de herradura adquirió una urgencia que nadie esperaba.
El Índico ya no es la retaguardia. ¿Será un presagio de cuál puede ser el nuevo frente?