
La revolución de la inteligencia artificial en educación dejó de ser una promesa futura para convertirse en una realidad tangible en la Argentina. En un contexto regional marcado por dificultades de aprendizaje y fuertes desafíos estructurales, algunas edtechs locales comenzaron a diseñar productos basados en IA con un objetivo claro: mejorar los procesos educativos y, al mismo tiempo, construir modelos de negocio sostenibles.
En su informe más reciente, publicado en abril de 2025, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que la incorporación de inteligencia artificial en educación puede aportar valor en tres dimensiones centrales: mejorar los aprendizajes, ampliar el acceso y aumentar la eficiencia del sistema.
En ese marco, startups argentinas como Auroria y méntia desarrollan soluciones orientadas a escuelas y comunidades educativas, con foco en personalización, acompañamiento y toma de decisiones.
Innovación educativa
Auroria nació a partir de una pregunta concreta: cómo usar inteligencia artificial para acompañar el aprendizaje sin desplazar el rol del docente.
“La IA tiene sentido si está pensada para educación y se adapta a cada institución”, explica Daniela Buján, una de sus fundadoras.
La plataforma funciona como un asistente educativo que se integra al proyecto pedagógico de cada escuela y busca responder a las necesidades específicas de estudiantes y docentes.
El modelo de Auroria es institucional. Son las escuelas las que contratan la herramienta para que forme parte de su ecosistema educativo.
“La tecnología no reemplaza al docente, lo potencia”
En ese sentido, la propuesta se apoya en la idea de complementar el trabajo humano, reducir cargas operativas y ofrecer información útil para el seguimiento de los alumnos.
Desde Auroria también ponen el foco en el aprendizaje del uso responsable de la inteligencia artificial dentro del aula. Daniela Buján explica que muchas escuelas buscan incorporar la IA en espacios como el aula de informática, pero evitando exponer a los estudiantes a herramientas abiertas con riesgos asociados.

En ese marco, la plataforma incluye lo que denominan el “prompt perfecto”, una funcionalidad pensada para que los chicos aprendan a formular pedidos completos y conscientes a la IA. Según Buján, uno de los problemas habituales es el uso de consignas vagas —“poner una palabra y copiar y pegar el resultado”—, lo que termina afectando habilidades clave como la lectura y la escritura.
En una línea similar, méntia desarrolla una solución de inteligencia artificial educativa orientada a ayudar a los estudiantes a organizarse, estudiar y comprender contenidos, mientras ofrece a docentes y familias una mirada más clara sobre el proceso de aprendizaje.
“Pensamos la IA como una herramienta de apoyo, no como una respuesta mágica”
Méntia trabaja con esquemas de suscripción y acuerdos con instituciones educativas, y pone el foco en la escalabilidad del producto.
La plataforma funciona como un asistente que acompaña el día a día educativo, ofreciendo orientación y seguimiento, y permitiendo que docentes y familias tengan una mirada más clara sobre cómo avanza cada estudiante. Para la empresa, el valor de la IA educativa no está en dar respuestas rápidas, sino en ordenar el proceso y reducir la desorientación que muchas veces enfrentan los alumnos.

Santangelo señala que uno de los principales desafíos del sector es lograr que la tecnología se perciba como una inversión y no como un gasto adicional dentro de sistemas educativos con recursos limitados.
Edtech argentina
Desde el punto de vista tecnológico, ambas compañías coinciden en que la clave no está en usar inteligencia artificial de manera genérica, sino en adaptarla al contexto educativo.
El BID subraya que la adopción efectiva de IA en educación requiere ciertas condiciones habilitantes: conectividad, dispositivos adecuados, docentes capacitados y una gobernanza clara del uso de los datos. Sin estos elementos, advierte el organismo, la tecnología por sí sola no genera impacto.
La gestión de la información y la confianza aparecen como ejes centrales. “Trabajar con datos educativos implica una enorme responsabilidad”, afirma Santangelo.
Aunque el mercado todavía está en una etapa temprana, las edtechs argentinas ven oportunidades de crecimiento, tanto a nivel local como regional. “Hay talento tecnológico en el país y una necesidad real de soluciones educativas”, resume Buján. El desafío, coinciden ambas, será crecer de manera sostenida sin perder de vista el impacto educativo.
La inteligencia artificial empieza así a consolidarse como un nuevo eje del negocio educativo en la Argentina, menos como una promesa disruptiva y más como una herramienta concreta que busca transformar el aula desde adentro.








