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El idioma que una persona elige aprender no siempre responde a una decisión práctica. Muchas veces, detrás de esa elección hay factores emocionales, culturales y hasta musicales que influyen más de lo que parece.
La música, el cine y las series cumplen un rol clave en ese proceso. A través de estos consumos, lenguas que pueden parecer lejanas o difíciles empiezan a volverse familiares. En ese vínculo, el lenguaje deja de ser solo una herramienta de comunicación y pasa a formar parte de la identidad.
Un estudio reciente de la plataforma de aprendizaje Preply refuerza esta idea: el 59% de las personas asegura que expresa distintas versiones de su personalidad según el idioma que habla.
La percepción pesa más que la dificultad real
Para entender cómo se construyen esas percepciones, Preply relevó la opinión de 3.608 personas en países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, España y Japón.
Uno de los datos más llamativos es que el coreano aparece como el idioma considerado más difícil: el 40% de los encuestados lo ubica en ese lugar. Además, casi uno de cada cuatro admite que evita estudiar lenguas que percibe como complejas.
Sin embargo, esa barrera convive con un fenómeno cultural opuesto. El crecimiento global del K-pop, con grupos como BTS —que incluso tienen shows previstos en Argentina—, logró acercar el idioma coreano a audiencias masivas, especialmente entre jóvenes. Bandas más nuevas, como W24, también contribuyen a ese proceso.
Este tipo de exposición constante genera un efecto claro: lo que antes sonaba distante empieza a resultar reconocible, y eso reduce la resistencia a aprenderlo.
Inglés, un idioma con utilidad y omnipresencia
En el otro extremo aparece el inglés, que el 41% de los participantes identifica como el idioma más práctico. Esa percepción está fuertemente ligada a su rol dominante en los negocios, los viajes y el entorno digital. Pero también a algo más cotidiano: la enorme cantidad de contenido cultural que circula en esa lengua.
Desde películas y series hasta la industria musical global, el inglés funciona como idioma central. Un ejemplo es el listado anual “Sound of…” de BBC Radio 1, que anticipa los artistas emergentes más influyentes: prácticamente todos producen en inglés, lo que refuerza su alcance internacional.
Francés y portugués: emoción y estilo
El estudio también revela asociaciones emocionales muy marcadas con ciertos idiomas. El francés es percibido como el más romántico y elegante por el 54% de los encuestados. Esa imagen no es casual: su tradición musical, desde figuras históricas como Charles Aznavour hasta artistas contemporáneos como Zaz o L’Impératrice, ayudó a consolidar esa identidad sonora sofisticada.
Por su parte, el portugués aparece vinculado a la calidez (34%). Géneros como la bossa nova, impulsados por referentes como Vinicius de Moraes, Gilberto Gil o Caetano Veloso, transmiten una sensación de cercanía y relajación que se asocia directamente con el idioma. Incluso en la actualidad, nuevos artistas retoman ese estilo y lo adaptan a públicos más jóvenes, manteniendo esa percepción.
El español y el fenómeno global de la música latina
El español también ocupa un lugar destacado en este mapa emocional: el 33% lo asocia con cercanía y calidez. En gran medida, esto se explica por el alcance global de la música latina, que en los últimos años se convirtió en uno de los motores culturales más fuertes de la industria. Desde el reggaetón hasta escenas más alternativas, el idioma logró expandirse a mercados donde antes tenía menor presencia.
En Argentina, además, la nueva generación de artistas está renovando esa proyección. Propuestas como la de Mujer Cebra, o fenómenos recientes como Paco y Ca7riel —que incluso despertaron interés en países como Japón—, muestran cómo la música también funciona como vehículo de exportación cultural.
Idioma, cultura y decisiones personales
El informe concluye que aprender un idioma rara vez es una decisión puramente racional. Está atravesada por experiencias, consumos culturales y percepciones que muchas veces pesan más que la dificultad objetiva.
De hecho, el propio estudio señala que la distancia cultural influye de forma directa: cuanto menor es el contacto con una lengua, mayor es la tendencia a construir ideas basadas en prejuicios o estereotipos.
En ese contexto, la exposición a música, series o contenido en otros idiomas puede cambiar completamente esa percepción. Lo que parecía inaccesible empieza a resultar cercano, y con eso crece también el interés por aprenderlo.