

Aunque la mayoría de las personas asocia el Parkinson con los temblores, la enfermedad suele mostrar señales tempranas mucho antes de que los síntomas motores aparezcan.
Entre ellas se destacan dos que pasan desapercibidas, pero son clave para una detección precoz: la pérdida del olfato y el estreñimiento crónico.
Cuando el olfato empieza a fallar
La pérdida del olfato (hiposmia o anosmia) puede manifestarse entre 5 y 10 años antes de los temblores y afecta a hasta el 90% de los pacientes en etapas tempranas.

Este deterioro ocurre porque el bulbo olfatorio es una de las primeras áreas del cerebro afectadas por la acumulación de proteínas anormales, responsables de iniciar el proceso neurodegenerativo.
Los especialistas advierten que muchas personas asocian esta pérdida a alergias, resfriados o estrés, lo que retrasa la consulta. Sin embargo, una hiposmia persistente sin causa evidente se debe considerar una señal de alerta.
Estreñimiento: otro aviso temprano del Parkinson
Además del olfato, otro signo no motor que puede anticipar la enfermedad es el estreñimiento crónico. Los cambios en la función intestinal se relacionan con la afectación temprana del sistema nervioso autónomo, un componente frecuente pero poco visible en el Parkinson.
Si bien no siempre se menciona, su aparición junto con pérdida del olfato aumenta el valor predictivo de un posible desarrollo posterior del Parkinson.
¿Qué es el Parkinson y cómo afecta a la persona?
La enfermedad de Parkinson es una patología neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente a las áreas del cerebro encargadas del control del movimiento.
A medida que avanza, el Parkinson provoca síntomas motores conocidos como, por ejemplo, temblores, rigidez y lentitud de movimientos, pero también altera funciones esenciales como el olfato y la digestión mencionado anteriormente.

Es fundamental para la persona detectar estos signos, ya que puede permitir diagnósticos más tempranos y tratamientos que ayuden a ralentizar la progresión del Parkinson, incluso antes de que los temblores aparezcan.
Organizaciones de neurología y fundaciones dedicadas a la investigación ya promueven pruebas olfativas y evaluaciones clínicas específicas para identificar a personas en riesgo.
La clave está en no subestimar lo que parece un detalle: si el olfato se pierde sin explicación o el estreñimiento se vuelve persistente, es momento de consultar a un especialista, ya que la detección a tiempo puede marcar la diferencia.













