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En los últimos años, cada vez más personas adoptaron dietas restrictivas por tendencia o recomendación en redes sociales. Entre ellas, la eliminación de los lácteos se volvió una de las más difundidas -errónamente- asociada a la búsqueda de una alimentación “más saludable”.
Sin embargo, especialistas advierten que suprimir grupos de alimentos completos sin reemplazos adecuados puede tener consecuencias nutricionales. En particular, los lácteos ocupan un lugar relevante en la alimentación por su aporte de nutrientes esenciales a lo largo de la vida.
Qué nutrientes se pierden al eliminar lácteos sin planificación
El equipo interdisciplinario de Profesionales Expertos en Nutrición Infantil (PROFENI) advierte que los lácteos, y especialmente el yogur, cumplen un rol clave por su densidad nutricional y su capacidad de aportar calcio, vitamina D y proteínas de alto valor biológico, además de microorganismos vivos.
La relevancia de estos nutrientes se vuelve más evidente en el contexto argentino. Según datos epidemioológicos siete de cada diez niños no cubren la ingesta diaria recomendada de calcio y más del 90% presenta déficit de vitamina D, lo que refleja un problema estructural que puede agravarse si se eliminan los lácteos sin sustitutos adecuados.
Además, los especialistas señalan que los lácteos fermentados aportan proteínas completas y de alta calidad, fundamentales para el crecimiento, la función muscular y el desarrollo general del organismo.
A eso se suma el rol de estos alimentos en la biodisponibilidad de nutrientes. La fermentación, en el caso del yogur, favorece más la absorción de calcio y proteínas en comparación con otros alimentos, lo que refuerza su valor dentro de la alimentación cotidiana.
Más allá de las modas: evidencia sobre salud y microbiota
Otro aspecto central que destaca PROFENI es el impacto de los lácteos fermentados en la microbiota intestinal. La evidencia científica muestra que su consumo habitual se asocia con mayor diversidad microbiana, un factor clave para la salud inmunológica y metabólica, y más aún si el yogur tiene probióticos, que son determinadas cepas de bacterias que demostraron beneficios específicos.
Entre los estudios mencionados se encuentra el trabajo de Taylor et al. (mSystems, 2020), que identificó diferencias significativas en el microbioma y el metaboloma en personas que consumen alimentos fermentados.
A su vez, investigaciones como la de Le Roy et al. (2022, BMC Microbiology) vinculan el consumo de yogur con cambios positivos en la composición del microbioma intestinal y con mejores perfiles metabólicos, incluyendo menor obesidad abdominal.
PROFENI también destaca que los microorganismos presentes en estos alimentos generan metabolitos que influyen en la barrera intestinal y en el sistema inmune, apoyándose en revisiones científicas como las de Gibson et al. (2014) y trabajos más recientes sobre microbiota.
Dietas sin fundamento médico: qué recomiendan los especialistas
Lejos de desaconsejar cambios en la alimentación, PROFENI plantea la necesidad de basarlos en evidencia y en el acompañamiento profesional. Eliminar lácteos puede ser necesario en situaciones específicas, como alergias o intolerancias, pero no debería hacerse de forma generalizada ni por moda.
La recomendación es clara: en lugar de excluir grupos de alimentos completos, se debe buscar un equilibrio que permita cubrir los requerimientos nutricionales. En ese marco, los lácteos, y particularmente los fermentados como el yogur, aparecen como una herramienta accesible y respaldada por evidencia para sostener una alimentación saludable.