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El ajo es uno de los ingredientes más utilizados en la cocina cotidiana. Su sabor intenso lo convierte en un aliado habitual para condimentar platos, pero además se lo valora por sus posibles beneficios para la salud. Sin embargo, especialistas en nutrición advierten que la manera de prepararlo puede influir directamente en su valor nutricional.

Diversos estudios señalan que algunos de los compuestos más importantes del ajo pueden degradarse cuando se lo somete a temperaturas elevadas. Por eso, la forma de manipularlo antes de cocinarlo resulta clave para conservar sus propiedades.

Por qué el calor reduce algunos de sus beneficios

El ajo contiene sustancias bioactivas que le otorgan parte de sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Una de las más conocidas es la alicina, un compuesto que se forma cuando el ajo se corta, pica o machaca.

El problema es que esta molécula es sensible al calor. Cuando el ajo se fríe, hierve o se saltea directamente a altas temperaturas, parte de estos compuestos se destruyen con rapidez. Como resultado, el alimento mantiene su sabor característico, pero pierde una parte de sus cualidades nutricionales.

Ni hervido ni salteado: la mejor forma de cocinar el ajo para aprovechar sus propiedades

El truco para preservar sus propiedades

Para aprovechar mejor los beneficios del ajo, los especialistas recomiendan una técnica sencilla: cortarlo o machacarlo y dejarlo reposar unos minutos antes de cocinarlo.

Este breve descanso permite que se activen las reacciones químicas que generan alicina. De esta manera, incluso si luego se incorpora a una preparación caliente, parte de esos compuestos ya se habrán formado previamente.

Generalmente se aconseja esperar entre 10 y 15 minutos antes de llevarlo al fuego. Otra opción es consumirlo crudo o apenas procesado, ya que de esa manera se mantienen intactos sus componentes activos.

Cómo incorporarlo a la dieta sin perder sus virtudes

Existen varias formas de sumar ajo a las comidas sin afectar sus propiedades nutricionales. Algunas alternativas simples incluyen:

  • Incorporarlo crudo en salsas o aderezos.
  • Agregar láminas finas a ensaladas.
  • Untarlo sobre pan tostado con aceite de oliva,
  • Picarlo previamente y añadirlo a guisos o sopas después de unos minutos de reposo.

Con pequeños cambios en la forma de prepararlo, es posible mantener mejor sus cualidades y aprovechar al máximo sus beneficios dentro de una alimentación equilibrada.