

Durante años, el nivel del mar fue el centro de todas las advertencias climáticas. Pero nuevas mediciones muestran que hay otro factor igual de decisivo: el movimiento vertical del suelo.
En varias zonas costeras, la tierra no se mantiene estable y esto altera de forma directa el impacto real del aumento del océano.
El hallazgo cambia por completo la forma de medir el riesgo. Una costa que baja unos milímetros al año puede enfrentar un avance del mar mucho más acelerado que el que muestran las proyecciones globales.
El movimiento del terreno: un factor que altera todos los cálculos
El estudio que encendió las alarmas se basó en datos satelitales y mediciones geodésicas de alta precisión sobre más de 1.600 kilómetros de costa. Los científicos encontraron tres patrones claros:
- Zonas que se hunden de forma sostenida
- Zonas que se mantienen estables
- Zonas que incluso ganan altura
El hundimiento es el dato más preocupante. En algunas áreas urbanas, el terreno baja más de 10 milímetros por año. A primera vista parece poco, pero a lo largo de décadas implica que el nivel del mar local crece mucho más rápido que el promedio estimado para mediados de siglo.
Esto significa que dos comunidades separadas por pocos kilómetros pueden enfrentar escenarios radicalmente distintos.
¿Por qué algunas regiones se hunden?
Los motivos varían, pero los investigadores destacan tres grandes causas:
- Procesos naturales ligados a la composición del suelo
- Impacto del clima, como la pérdida de humedad en ciertos sedimentos
- Actividad humana, en especial la extracción intensiva de agua subterránea
En valles agrícolas, zonas industriales y áreas metropolitanas, el bombeo de acuíferos genera descensos medibles que se suman al aumento global del nivel del mar. El fenómeno es lento, pero constante.

El aumento del mar combinado con el hundimiento multiplica el riesgo
Las proyecciones globales indican que hacia mediados de siglo el océano subiría varios centímetros más respecto del inicio de los 2000. Por sí solo, ese incremento parece manejable. El problema aparece cuando se superpone con un suelo que desciende año tras año.
En esos casos, las inundaciones dejan de ser eventos aislados y pasan a ser una amenaza instalada. El agua llega más lejos, permanece por más tiempo y afecta:
- Viviendas
- Infraestructuras clave
- Ecosistemas costeros
- Actividades económicas
Es un impacto que no se ve de inmediato, pero cambia por completo la planificación urbana y económica de una región.
Donde el suelo sube: el fenómeno inverso también existe
El mismo estudio identificó zonas donde el terreno se eleva lentamente. En algunos casos se debe a procesos naturales; en otros, a cambios en la actividad industrial que reducen la presión sobre el subsuelo.
Aunque el ascenso es positivo, no compensa los riesgos globales. Pero sí ayuda a entender que no todas las costas responden igual y que las políticas de adaptación deben ser específicas para cada región.
Un desafío para los próximos años: adaptar mapas, normas y obras
Los datos ya comenzaron a ser incorporados en planes climáticos a largo plazo. La prioridad no es generar pánico, sino anticiparse.

Conocer cómo se mueve el suelo permite:
- Detectar zonas que requieren obras urgentes
- Redefinir normas de construcción
- Priorizar inversiones de infraestructura
- Ajustar modelos de riesgo que hoy no contemplan estos cambios
La conclusión es clara: el mar avanza, pero no lo hace solo. También lo hace la tierra, y su comportamiento puede acelerar o frenar los impactos del cambio climático.













