

Las cortinas no son solo un accesorio decorativo en el hogar; funcionan como una barrera que regula la luz y protege nuestra intimidad. Sin embargo, debido a su ubicación, suelen acumular polvo, ácaros y olores del ambiente con mucha facilidad. Por esta razón, mantenerlas impecables es clave para la higiene general de cualquier habitación.
Aunque existen muchos productos industriales, un truco casero que ha ganado popularidad recientemente es el uso de azúcar durante el lavado. Aunque suene extraño utilizar un ingrediente de cocina en el lavarropas, esta técnica ofrece beneficios sorprendentes para la textura y el mantenimiento de las telas, especialmente en cortinas claras o de materiales sintéticos.
El principal beneficio del azúcar es su capacidad para actuar como un agente tensor natural. Al disolverse en el agua, crea una película casi imperceptible que le otorga mayor cuerpo a la fibra. Esto provoca que, al finalizar el ciclo de lavado, la tela presente una caída mucho más elegante y firme, similar a como lucen las prendas recién compradas.
Otro punto a favor es que este ingrediente ayuda a reducir las arrugas profundas. Al tensar levemente los hilos de la cortina, evita que el centrifugado las deje excesivamente marcadas. Esto es ideal para quienes buscan simplificar las tareas del hogar, ya que en muchos casos permite prescindir totalmente de la plancha, ahorrando tiempo y energía.
Para aplicar este método correctamente, lo primero es verificar la etiqueta de las cortinas. Si el material permite el lavado a máquina, se procede de forma habitual con el detergente común, pero se añade una cucharada sopera de azúcar directamente en el tambor o en el compartimento del suavizante, reemplazando a este último.

Además de mejorar la estructura del tejido, el azúcar funciona como un fijador de color natural. Ayuda a que los tonos no se laven tan rápido y protege las fibras del desgaste por fricción. También es un excelente aliado para neutralizar olores persistentes, como el del tabaco o la humedad, dejando una sensación de frescura más duradera.
Un consejo fundamental para potenciar el resultado es colgar las cortinas mientras todavía están húmedas. El peso del agua, combinado con el efecto del azúcar, hará que la gravedad alise cualquier pequeña imperfección en la tela mientras se seca al aire. De esta manera, quedarán estiradas y prolijas de forma automática.
Adoptar estos pequeños hábitos de limpieza no solo mejora la estética de tus ambientes, sino que también prolonga la vida útil de tus textiles. Con un elemento tan simple y económico como el azúcar, es posible lograr un acabado profesional en el cuidado de las ventanas sin necesidad de recurrir a químicos costosos.














