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Dos amigos de Nueva Escocia, Canadá, encontraron una manera inesperada de darle una segunda vida a cientos de miles de botellas de plástico: las convirtieron en parte de una casa.

Joel German y David Saulnier, fundadores de JD Composites, construyeron en Meteghan River una vivienda de casi 185 metros cuadrados utilizando paneles estructurales fabricados con el equivalente a 612.000 botellas de plástico recicladas.

A simple vista, la propiedad no parece diferente de una casa moderna tradicional. Tiene tres habitaciones y una estructura convencional, pero sus paredes esconden una tecnología desarrollada a partir de plástico reciclado.

Cómo hicieron una casa con botellas

El secreto no está en colocar las botellas enteras dentro de los muros. Los envases de PET son triturados, procesados y transformados mediante un sistema de extrusión que permite fabricar una espuma densa.

Ambos manejan la empresa constructora.BBC

Ese material funciona como núcleo de los paneles estructurales. Según sus desarrolladores, el sistema permite obtener paredes livianas, con capacidad de aislamiento térmico y resistentes al desgaste.

Uno de los datos que más llamó la atención fueron las pruebas de resistencia. Un panel de aproximadamente 2,4 por 2,4 metros soportó vientos simulados de hasta 524 kilómetros por hora, una velocidad superior a la asociada con un huracán de categoría 5.

Sin embargo, hay una precisión importante: esa prueba correspondió al panel estructural individual y no a la vivienda completa.

El proyecto que busca ir más allá de una casa

La construcción funciona como una prueba a escala real para evaluar el comportamiento del material con el paso del tiempo, en donde se analizan aspectos como la resistencia de los paneles, las pinturas y los selladores.

Uno de los modelos a base de plástico reciclado.JD Composites

La empresa apunta a llevar la tecnología más allá de esta vivienda. Entre sus posibles aplicaciones aparecen refugios de emergencia, oficinas portátiles, barracas y pequeñas casas de rápida instalación, especialmente en zonas expuestas a tormentas.

La idea detrás del proyecto es simple, aunque ambiciosa: transformar un residuo que puede permanecer durante décadas en el ambiente en un material capaz de formar parte de nuevas construcciones.