En el lenguaje coloquial hambre y apetito a menudo se usan como sinónimos. Pero son conceptos distintos, que responden a necesidades fisiológicas diferentes. Por eso, comprender esta distinción es clave para entender qué factores nos condicionan a la hora de comer.
La ingesta de comida es el resultado de un proceso donde interactúan diferentes órganos de nuestro cuerpo enviando y recibiendo señales.
Según estudios realizados por Iker Martínez Pérez, experto en Psiconeuroinmunología Clínica y fisioterapeuta: "Las primeras hipótesis que surgieron alrededor de los factores que nos llevan a la ingesta de alimentos giraban en torno a la teoría glucostática, un planteamiento basado en la homeostasis metabólica".
"La homeostasis propone que el déficit de energía en nuestro cuerpo genera la secreción de mediadores que indican a nuestro cerebro que tenemos una necesidad básica de supervivencia: comer para reponer nuestros almacenes de energía, generando hambre" explicó Martínez Pérez.
Alimentación: ¿cuál es la diferencia entre hambre y apetito?
La necesidad y el placer son dos factores importantes en la ingesta de comida, aunque no son los únicos.
A raíz de esto definimos dos factores fundamentales en la regulación de la ingesta de comida: la homeostasis y el hedonismo. Para empezar, es necesario diferenciar dos términos a la hora de hablar de ingesta de alimentos: el hambre y el apetito.
Hambre
Está relacionada con la regulación homeostática. A medida que vamos gastando energía, el cerebro nos va mandando la orden de necesitar comida generando la sensación de hambre.
Apetito
Por el contrario, no está relacionado con una necesidad homeostática y sino con todo lo que relaciona la ingesta de comida a lo placentero.
Cuando tenemos déficit energético, nuestro cerebro recibe una señal en una zona del hipotálamo llamada arcuato. Ahí llegan las señales hormonales generadas por el cortisol y la grelina y empiezan a producirse otros mediadores que provocan la sensación de hambre, entre otras, condicionando a nuestro cerebro para procurarnos comida.
Nuestros sentidos se vuelven más sensibles a las señales ambientales relacionadas con alimentos y los pensamientos se centran en estrategias para obtener comida. Así, se activa el movimiento hacia la procuración de sustento.
Cuando hablamos del apetito ingresamos en un contexto diferente. Los seres humanos tenemos un sistema de recompensa capacitado para generar satisfacción interna, como consecuencia de algunas conductas orientadas a garantizar determinados comportamientos.
Neuronutrición: ¿por qué se condiciona la ingesta de comida?
- Estrés: dependiendo de la intensidad nos hace comer más o menos.
- Contexto social: en oportunidades comemos porque un determinado grupo social nos empuja a eso.
- Disponibilidad de alimentos: verlos en la despensa nos incita a comer aunque no tengamos hambre.
- Marketing: la estimulación de los sentidos nos puede llevar a comer aunque no tengamos necesidad.
Dopamina: el azúcar y la grasa generan adicción
Curiosamente, los sabores que más dopamina producen en nuestro cerebro son el dulce y los grasosos, que mirados desde la perspectiva evolutiva equivalen a energía de disponibilidad rápida (azúcar) y lenta (grasa), esenciales para la supervivencia a corto y largo plazo.
El azúcar y la grasa generan deseo por (adicción en una situación extrema), placer y una posterior sensación de calma después de su ingesta (ahí se encuentra el factor hedónico de la alimentación).
"A medida que aumentamos el consumo de ese alimento que genera más dopamina y opioides en nuestro cerebro, más lo deseamos y más condicionamos nuestros sentidos a las señales que nos indican su presencia a través de cualquier sentido", explica Martínez Pérez.
La desventaja es que se producirá una adaptación en la que el número de receptores de opioides y dopamina disminuirá por sobreutilización. "Es evidente que poco tiene que ver esto con una necesidad homeostática de comida y sí con el lado hedónico que busca la sensación placentera", concluye Martínez Pérez.
Por tanto, la conducta alimentaria está condicionada por aspectos que tienen que ver con la homeostasis, la salud y el hambre, pero también con otros factores muy diferentes, como la obtención de placer a través del propio alimento.