

Belén tenía 30 años cuando viajó a Europa por primera vez junto a sus padres. Lo que comenzó como unas vacaciones por Grecia e Italia terminó convirtiéndose en una historia completamente diferente: llegó el momento de regresar a la Argentina, pero decidió postergar el vuelo y continuar viajando. Con el tiempo, aquella decisión la llevó a instalarse en España y a conocer al hombre que se convertiría en su marido.
Hoy, a los 39 años, lleva casi una década viviendo en Galicia y trabaja de manera remota como directora comercial para un laboratorio de Estados Unidos. Sin embargo, cuando recuerda aquel viaje de 2017, aclara que emigrar nunca había estado entre sus planes.
Se fue de vacaciones a Europa y decidió no tomar el vuelo de regreso
Belén es porteña y se dedicó siempre al marketing. A los 30 años atravesaba un momento de cambios personales y profesionales cuando decidió viajar a Europa con sus padres durante las vacaciones de invierno.
Era su primer viaje al continente europeo. Recorrieron Grecia e Italia y, cuando llegó el momento de regresar a la Argentina, Belén ya tenía el check-in hecho y estaba en el aeropuerto.
Sin embargo, decidió postergar el regreso. “Yo postergo mi regreso a Argentina, pero no decido irme de Argentina”, explica al recordar aquel momento. No tenía un plan definido para instalarse en otro país: simplemente quería continuar viajando y ver qué sucedía.

De Turquía a Georgia: trabajó para poder seguir viajando
Después de no tomar el vuelo de regreso, llegó a Turquía. En Estambul consiguió trabajo en un hostel, donde comenzó realizando tareas de limpieza. “Me pagaban 2 euros la hora”, recuerda sobre aquel primer empleo.
Más tarde continuó recorriendo Turquía y realizó distintos trabajos para poder mantenerse. Incluso llegó a trabajar en un festival de playa. Después cruzó a Georgia, donde volvió a desempeñarse como camarera y recepcionista, entre otras tareas. Su objetivo era trabajar para poder sostener el viaje sin gastar sus ahorros.
Después de varios meses fuera de la Argentina, sus abuelos, de origen gallego, la invitaron a conocer Galicia. Belén aceptó y llegó a Pontevedra, donde inicialmente pensaba quedarse apenas unos días. Pero nuevamente decidió cambiar sus planes.

Llegó a España y conoció al hombre que cambiaría su vida
Cuando llegó a Galicia, Belén pensó que si había podido trabajar en Turquía y Georgia, también podía hacerlo en España.
Consiguió una oportunidad en un restaurante, pero finalmente le dijeron que no podía quedarse con el puesto. El dueño del establecimiento, Salvatore, la invitó entonces a tomar un café.
Salvatore era un italiano de Caserta, en la región de Campania. Aquel encuentro terminó convirtiéndose en uno de los momentos más importantes de su historia. “Es el café más caro de tu vida”, recuerda Belén sobre aquella invitación. Con el tiempo, Salvatore se convirtió en su pareja y luego en su marido.

Se enamoró de un italiano y volvió a España por él
Salvatore es empresario gastronómico y tiene restaurantes en Galicia: La Bella Napoli, en Pontevedra, y Sorrento, en Sanxenxo.
Después de conocerlo, Belén tuvo que continuar su viaje y llegó a Marruecos, donde trabajó como profesora de inglés. Mientras tanto, comenzó a buscar una alternativa que le permitiera regresar a España y continuar su historia con Salvatore.
Finalmente descubrió que podía solicitar la ciudadanía italiana por sus antepasados. Viajó a Trieste para iniciar el trámite y, meses después, consiguió el pasaporte y el documento italiano. Hoy llevan casi nueve años juntos.
De unas vacaciones a una nueva vida en España
Lo que comenzó como un viaje de vacaciones terminó transformándose en una nueva vida. Belén pasó por Turquía, Georgia, Marruecos e Italia antes de instalarse definitivamente en España.
También tuvo que reinventarse profesionalmente y trabajó como profesora de inglés, niñera, camarera, en una cocina de hospital, en una ONG y como vendedora, entre otros empleos, hasta volver a desarrollarse en marketing.
Actualmente vive en Galicia y trabaja de forma remota para un laboratorio estadounidense. Pero hay una frase que resume el inesperado comienzo de su historia: “No tenía pensado emigrar, simplemente decidí no subir al avión”.
















