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En el vasto horizonte de la estepa chubutense, el silbato de una locomotora rompe el silencio del viento. No es un eco del pasado, sino el presente vivo de La Trochita, el tren que desde hace más de ocho décadas se resiste a ser una pieza de museo estática.
Oficialmente bautizado como Viejo Expreso Patagónico, este ramal de trocha económica (apenas 75 centímetros de ancho) es hoy uno de los pocos ferrocarriles a vapor en funcionamiento en el mundo, atrayendo a entusiastas de la mecánica y viajeros de todas las latitudes.
Una hazaña de ingeniería sobre rieles de 75 centímetros
La historia de La Trochita comenzó mucho antes de su primer viaje a Esquel en 1945. Sus piezas fundamentales, las icónicas locomotoras Baldwin (estadounidenses) y Henschel (alemanas), fueron fabricadas en 1922. La elección de una trocha tan angosta no fue caprichosa: permitía al trazado serpentear con mayor facilidad por la accidentada geografía patagónica y reducía significativamente los costos de infraestructura en una Argentina que buscaba integrar sus territorios más remotos.

Aunque el proyecto original pretendía unir una vasta red ferroviaria en el sur, el tendido quedó consolidado en los 402 kilómetros que separan a Ingeniero Jacobacci (Río Negro) de Esquel (Chubut). En 1999, debido a su valor patrimonial, fue declarado Monumento Histórico Nacional, blindando su existencia frente a los vaivenes económicos del país.
El ritual del viaje: salamandras y vagones belgas
Subir a La Trochita es, literalmente, realizar un viaje al siglo pasado. Los vagones, de origen belga y madera de pinotea, conservan su estética original. Uno de los detalles que más cautiva a los cronistas de viajes es la salamandra de hierro fundido ubicada en el centro de cada coche. En los inviernos crudos de la meseta, estas estufas a leña —donde históricamente los pasajeros calentaban el agua para el mate— siguen siendo el único sistema de calefacción disponible.
Si bien originalmente las máquinas funcionaban a carbón, la mayoría fueron reconvertidas a fueloil para mejorar su rendimiento. Recientemente, la restauración de la unidad N° 114 en los talleres de Esquel marcó un hito ambiental al adaptar su funcionamiento a gasoil, logrando una combustión más limpia sin perder el encanto del vapor.
El legado de Paul Theroux y la mística literaria
La fama internacional de este tren se disparó en 1979 con la publicación de “The Old Patagonian Express” del escritor estadounidense Paul Theroux. En su libro, Theroux narra su travesía desde Boston hasta la Patagonia, culminando su viaje precisamente en este pequeño tren. Su relato transformó a La Trochita en un objeto de culto para la literatura de viajes, otorgándole una épica que trasciende lo meramente turístico.

El itinerario actual: de Esquel a Nahuel Pan
Actualmente, el tramo más transitado es el que une la ciudad de Esquel con la Estación Nahuel Pan. El recorrido, de aproximadamente tres horas (ida y vuelta), ofrece una inmersión cultural profunda:
- Comunidad Mapuche-Tehuelche: al llegar a Nahuel Pan, los visitantes pueden recorrer la feria de artesanos Tokom Topayim y visitar el Museo de Culturas Originarias.
- Turismo rural: la zona permite conectar con emprendimientos de la meseta, donde se puede degustar gastronomía local y conocer el sistema de vida rural.
- El Maitén y sus talleres: para los verdaderos aficionados, la estación El Maitén es el corazón técnico del tren. Allí funcionan los talleres ferroviarios donde se fabrican artesanalmente las piezas que ya no existen en el mercado global para mantener las máquinas activas.
















