Coronavirus 2021 y la segunda ola: cómo prevenir todas las cepas con ventilación

La importancia de la circulación de aire en los ambientes cerrados puede disminuir efectivamente el riesgo de contagio, ¿Por qué el gobierno debería comenzar a medir el CO2 en interiores?

Las 4 claves más importantes y básicas para prevenir el contagio del coronavirus ya son reglas conocidas por todos: uso constante de barbijo, distanciamiento social, lavado de manos y mantenimiento de una buena ventilación, lo que lleva a la preferencia de reuniones en espacios abiertos.

Este último punto ha sido uno de los más estudiados por la comunidad científica en el último año y se han aprendido muchas cosas sobre el contagio del COVID-19 en interiores. Ya que al respirar exhalamos CO2, este se mantiene en el aire, sin embargo, en exteriores se diluye con rapidez mientras que en interiores poco ventilados se mantiene.

Al diluirse el CO2 en espacio abiertos, se eliminan también las posibles partículas de SARS-CoV-2 expulsadas junto a este. De esta forma, el riesgo de contagio baja significativamente ya que el aire respirado por otro individuo desaparece.

En espacios cerrados sin ventilación, las partículas por millón (ppm) se acumulan con gran rapidez. Por ejemplo, según El País, en un coche cerrado un 4 % del aire reutilizado será reinhalado en sólo 15 minutos. Por su parte, si ese mismo coche sin ventilación es compartido, en sólo 10 minutos se volverá a respirar un 8 % del aire ya expulsado por otros.

Esta situación eleva el riesgo de contagio a alto y, a medida que pasa el tiempo, la situación empeora: si una de las dos personas tuviese COVID-19, en 30 minutos el riesgo de contagio del otro individuo sería de un 30 %, mientras que a la hora ese porcentaje se elevaría a un 71 %.

Sin embargo, esta situación es fácil de prevenir con la simple acción de bajar las ventanillas. Si se abren dos ventanas por lo menos 5 centímetros, la ventilación cruzada puede renovar el aire hasta 9 veces por minuto, bajando el aire ya respirado y, junto con este, las probabilidades de contagio.

En un vehículo parado, es necesario abrir las ventanillas por lo menos unos 10 centímetros para conseguir una renovación del aire de 1,2 veces por minuto. Sin embargo, si el coche se encuentra en movimiento, a los 50 km por hora, con una apertura de 5 centímetros, el aire se renueva 6,6 veces por minutos, mientras que, a 100 km por hora con una apertura de 2 centímetros, se renueva 2,1 veces por minuto.

El aire que respiramos en exteriores contiene aproximadamente 412 partículas por millón (ppm) de CO2, una cifra que revela que este no ha sido respirado por nadie. Sin embargo, en interiores ventilados ese número se eleva a 600 ppm, lo que equivale a un 0,5 % de riesgo de respirar aire reutilizado, mientras que, a medida que la ventilación empeora, se puede llegar hasta 1.100 ppm, lo que equivale a un 1,5 % de aire reutilizado, el límite indicado por la OMS para ambientes saludables.

El riesgo de los ambientes cerrados se entiende al saber que las partículas del COVID-19 tienen la capacidad de mantenerse suspendidas en el aire durante muchas horas, lo que aumenta fuertemente el peligro de que alguien más las respire y se contagie.

Tal como explica Pedro Magalhães de Oliveira, un científico de la Universidad de Cambridge quién estudia cómo se desenvuelven los aerosoles contagiosos: "El potencial de medir los niveles de CO en interiores se ha pasado por alto en gran medida. Las autoridades sanitarias podrían utilizarlo para identificar lugares de alto riesgo e informar mejor a las personas que los gestionan".

Por eso es esencial, como una nueva medida ante el contagio del COVID-19 y frente a la inminente llegada de la segunda ola al país, que se instauren políticas públicas que puedan analizar los interiores con el fin de medir la cantidad de CO2 en el aire y establecer un límite saludable para esos espacios.

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