

Durante siglos, la desertificación fue sinónimo de pérdida y las soluciones para eso fueron las más clásicas: plantar árboles, levantar muros y colocar barreras, pero resultaron lentas y costosas.
Ahora, China apuesta por una estrategia disruptiva: convertir el desierto en suelo fértil con microorganismos.
El experimento que desafía la lógica
El proyecto se desarrolla en el desierto de Tengger, en la región de Ningxia Hui, una de las zonas más áridas del país. Allí, el gobierno chino planea recuperar entre 5.333 y 6.667 hectáreas en cinco años.
La clave no está en la reforestación, sino en la microbiología aplicada a gran escala.
¿Cómo funcionan las cianobacterias?
El equipo científico de la Estación Experimental de Shapotou, dependiente de la Academia China de Ciencias, descubrió que ciertas cianobacterias, organismos fotosintéticos presentes en la Tierra desde hace 3.500 millones de años, pueden sobrevivir en condiciones extremas.
Cuando hay humedad, estas bacterias forman una costra biológica que se adhiere a la arena, retiene agua y nutrientes y crea una base estable para que crezca vegetación. En otras palabras, la arena empieza a comportarse como suelo.
De laboratorio al terreno: el salto tecnológico
El gran desafío fue lograr que las bacterias prosperaran fuera del laboratorio. Tras años de pruebas, los científicos desarrollaron una solución práctica: bloques sólidos con biocostras activas, fáciles de transportar y esparcir.
Cuando llueve, estas “semillas de suelo” se activan y colonizan la arena. El resultado es sorprendente: el proceso que antes tardaba una década, ahora se completa en un año, y las biocostras resisten vientos de hasta 36 km/h, estabilizando las dunas.
Impacto global: más que un experimento
Este avance forma parte de la Gran Muralla Verde de China, un programa iniciado en 1978 para frenar la desertificación en el norte del país.

Si la técnica se consolida, podría aplicarse en regiones críticas como África, Mongolia y Medio Oriente. El impacto va más allá de la agricultura: seguridad alimentaria, migración y estabilidad social dependen de soluciones como esta.
¿Por qué es revolucionario?
Por primera vez, los microbios se usan para reconfigurar paisajes enteros. No son máquinas ni muros: son organismos vivos que transforman arena en vida. Si el proyecto escala, podría cambiar una idea que parecía inamovible: que el desierto, una vez que avanza, no retrocede.











