

La American College of Cardiology (ACC), la American Heart Association y otras asociaciones médicas de Estados Unidos actualizaron los valores normales de colesterol que tiene que tener una persona para estar saludable, evitar problemas del corazón y ACV.
Se trata de un documento oficial publicado en las revistas American College of Cardiology (ACC) y en la American Heart Asociation, en el cual se distinguen rangos de riesgo, de los cuales deviene los valores límite del perfil lipídico.

Según las nuevas normativas, existe un límite actualizado de colesterol LDL y HDL para prevenir infartos y accidentes cardiovasculares, así como cuidar la salud del corazón.
Los nuevos valores de colesterol LDL (malo) y HDL (bueno)
Para las personas con menor riesgo de infartos, el colesterol LDL debe ser menor a 100 mg/dl. Si se tiene un riesgo límite o intermedio debe ser menor a 70 mg/dl. En cambio, las personas que mayor propensión a tener accidentes cardiovasculares tiene que ser inferior a 55 mg/dl.
Pamela Morris, la directora del Seinsheimer Cardiovascular Health Program en The Medical University of South Carolina aseguró que, “en general, un LDL más bajo es mejor, especialmente para las personas con mayor riesgo de tener un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular”.
La guía publicada por la ACC se basa en recomendaciones que derivan de evidencias para el manejo de las dislipidemias. “Se ofrece una ‘ventanilla única’ integral sobre cómo evaluar y tratar mejor los diversos lípidos en sangre para reducir con efectividad el riesgo de una persona de desarrollar enfermedad cardiovascular aterosclerótica (atherosclerotic cardiovascular Disease, ASCVD)”, dice el estudio.

Con la nueva herramienta de evaluación, los médicos pueden calcular mejor el riesgo cardiovascular utilizando información de salud ya obtenida durante un examen físico anual que incluya medición de colesterol, lecturas de presión arterial y otra información personal, como la edad y los hábitos de salud.
A partir de allí, Roger Blumenthal, MD, FACC, FAHA, presidente del comité de redacción de la guía, director del Johns Hopkins Ciccarone Center for the Prevention of Heart Disease y Kenneth J. Pollin Professor of Cardiology, en el Johns Hopkins Hospital de Baltimore, indicó que se puede “personalizar aún más la puntuación de riesgo para cada persona al observar los ‘potenciadores del riesgo’”, los cuales pueden “ayudar a guiar la necesidad de una terapia para reducir los lípidos”.
Muertes por arterosclerosis cardiovascular y nuevos factores de riesgo
Las muertes por problemas de arterioesclerosis cardiovascular es causada por la acumulación de depósitos de grasa en las arterias y es la principal causa de decesos en todo el mundo.
Entre estos factores de riesgo, las asociaciones incluyen antecedentes familiares de enfermedades cardíacas, enfermedades inflamatorias crónicas (por ejemplo, lupus o artritis reumatoide); afecciones cardiometabólicas, como sobrepeso/obesidad, diabetes o enfermedad renal crónica; ascendencia de mayor riesgo, como ascendencia del sur de Asia o filipina u otros grupos ancestrales con un mayor riesgo de desarrollar aterosclerosis; y marcadores de riesgo reproductivo, incluida la menopausia precoz, la preeclampsia y la diabetes gestacional.

Por último, aclararon que también se pueden utilizar marcadores adicionales, como la lipoproteína(a) , la apolipoproteína B, la proteína C reactiva de alta sensibilidad y los triglicéridos elevados, los cuales redefinen el riesgo de un individuo de tener infartos y ACV.
Nuevas recomendaciones para evaluar el riesgo cardiovascular
La nueva guía sugiere incorporar pruebas complementarias para afinar la evaluación del riesgo cardiovascular y definir si es necesario intensificar el descenso del colesterol LDL y el control de otros factores de riesgo. Entre los estudios destacados aparecen:
Gammagrafía de calcio coronario (CAC)
Se recomienda de manera selectiva, especialmente en hombres desde los 40 años y mujeres desde los 45 con riesgo cardiovascular límite o intermedio. El CAC permite detectar calcio y placas subclínicas en las arterias coronarias y ayuda a decidir si corresponde iniciar tratamiento con estatinas.
Cualquier presencia de calcio justifica apuntar a un LDL-C menor a 100 mg/dl, con metas aún más bajas cuanto mayor sea la carga de calcio.
Lipoproteína (a) - Lp(a)
Debe medirse al menos una vez en la adultez, ya que su valor es mayormente genético y estable en el tiempo.
Niveles elevados —≥125 nmol/l o ≥50 mg/dl— aumentan en un 40% el riesgo a largo plazo de infarto o ACV. Valores de 250 nmol/l duplican ese riesgo. Los cambios en el estilo de vida casi no modifican la Lp(a), por lo que no se recomienda repetirla.
Apolipoproteína B - ApoB
Útil para evaluar riesgo residual en personas con síndrome cardiometabólico, diabetes tipo 2, triglicéridos altos o enfermedad cardiovascular ya diagnosticada, incluso cuando los valores de LDL-C y no-HDL-C parecen estar controlados. En estos casos, la ApoB puede ser un marcador más preciso que el LDL-C.

















