Al caminar por la Ciudad de Buenos Aires es común ver estas estructuras redondas de cemento sobre las veredas.
Estas esferas de hormigón, también conocidas como bochas, bolardos o mojones, son instaladas en el borde de la vereda sobre la línea municipal o en las esquinas. Suelen estar ceca de cordones, rampas y accesos peatonales.
Para qué sirven las bolas de cemento
Más allá de lo decorativo, cumplen funciones claves como:
- Impedir el estacionamiento sobre la vereda: su función principal es evitar que autos o motos invadan el espacio peatonal, algo especialmente frecuente en cuadras angostas o frente a comercios.
- Proteger a los peatones: funcionan como una barrera física que separa la calzada de la vereda, reduciendo el riesgo de que un vehículo suba accidentalmente sobre el espacio donde circula la gente.
- Resguardar infraestructura subterránea: en muchos casos delimitan zonas donde hay cañerías, cableado o raíces de arbolado urbano que podrían dañarse con el paso de vehículos pesados.
- Marcar límites de propiedad o de uso público: se usan para señalizar el límite entre el espacio público y accesos privados, como cocheras o entradas de edificios.
- Preservar rampas de accesibilidad: son puestas frente a rampas para sillas de ruedas para evitar que se tapen con autos mal estacionados, garantizando así el paso de personas con movilidad reducida.
Por qué son de cemento y no otro material
El hormigón se eligió por una combinación de bajo costo, durabilidad y resistencia al impacto.
A diferencia de bolardos metálicos o plásticos, las bochas de cemento no requieren mantenimiento frecuente y resisten golpes de vehículos sin deformarse, lo que las convirtió en la opción preferida para presupuestos ajustados para obras de mobiliario urbano.