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La hipertensión arterial afecta a más de 1.200 millones de personas en todo el mundo y sigue siendo uno de los principales factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Frente a esta realidad, cada vez más investigaciones analizan qué hábitos pueden ayudar a bajar la presión arterial sin depender exclusivamente de medicamentos.

En ese contexto, un estudio internacional identificó cuál es el ejercicio que ofrece los mejores resultados para controlar la presión arterial. Los hallazgos muestran descensos sostenidos durante las 24 horas y refuerzan el papel de la actividad física como una herramienta clave para cuidar la salud del corazón.

Bajar la presión arterial: qué ejercicio mostró los mejores resultados en un estudio internacional

Un metaanálisis publicado en el British Journal of Sports Medicine reunió datos de 31 ensayos clínicos realizados en distintos países. En total, los investigadores analizaron a más de 1.345 adultos con hipertensión sometidos a diferentes programas de entrenamiento.

Un estudio internacional identificó cuál es el ejercicio que ofrece los mejores resultados para controlar la presión arterial. (Foto: Shutterstock)Shutterstock

Los resultados mostraron que el ejercicio aeróbico, como caminar, correr o andar en bicicleta, combinado con entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT), fue la estrategia más efectiva para reducir la presión arterial.

Según el estudio, esta combinación logró una disminución promedio de 6,18 mm Hg en la presión sistólica y de 3,94 mm Hg en la diastólica a lo largo de 24 horas.

Entre las actividades que mostraron mejores resultados se encuentran:

  • Caminar a paso rápido.
  • Correr o trotar.
  • Andar en bicicleta.
  • Rutinas de HIIT supervisadas.

Los investigadores señalaron que otras disciplinas, como yoga, pilates o deportes recreativos, también pueden aportar beneficios. Sin embargo, la evidencia más sólida sigue favoreciendo al ejercicio aeróbico y al entrenamiento por intervalos.

Cómo ayuda el ejercicio físico a controlar la presión arterial

Los especialistas explican que la actividad física regular mejora el funcionamiento de los vasos sanguíneos y favorece una mayor elasticidad de las arterias. Esto permite que la sangre circule con menos resistencia.

Además, el ejercicio contribuye a regular mecanismos del sistema nervioso relacionados con la presión arterial. También ayuda a disminuir procesos inflamatorios vinculados con enfermedades cardiovasculares.

Los especialistas explican que la actividad física regular mejora el funcionamiento de los vasos sanguíneos y favorece una mayor elasticidad de las arterias. (Foto: Shutterstock)Shutterstock

Uno de los aspectos destacados del estudio es que los beneficios no se limitaron a personas jóvenes o entrenadas. Los resultados también fueron observados en adultos mayores y en participantes sin experiencia previa en actividad física.

Los investigadores remarcaron que la clave está en la constancia. Mantener una rutina adaptada a cada persona resulta más importante que realizar esfuerzos intensos de manera esporádica.

Las recomendaciones para reducir la hipertensión y cuidar el corazón

La investigación concluyó que el ejercicio físico debe ocupar un lugar central en cualquier estrategia destinada a controlar la hipertensión arterial. Incluso sesiones de alrededor de 30 minutos diarios pueden generar mejoras significativas.

Las recomendaciones coinciden con las guías de organismos internacionales como la OMS y la Sociedad Europea de Cardiología. Ambas instituciones destacan la importancia de combinar la actividad física con otros hábitos saludables.

Entre las medidas más recomendadas figuran:

  • Reducir el consumo de sal.
  • Mantener un peso saludable.
  • Dormir adecuadamente.
  • Limitar el consumo de alcohol.
  • Evitar el tabaquismo.

Los especialistas también subrayaron la importancia del acompañamiento profesional al comenzar una rutina de ejercicios, especialmente en personas con hipertensión o con otras enfermedades asociadas. La evidencia actual indica que incorporar movimiento a la vida cotidiana puede convertirse en una de las herramientas más efectivas para proteger la salud cardiovascular.