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Un día terrestre parece una medida inamovible: 24 horas. Sin embargo, la velocidad de rotación del planeta no permanece exactamente igual. A lo largo de las décadas, la Tierra puede girar un poco más rápido o más lento y hacer que la duración de un día varíe unos pocos milisegundos.

Estas diferencias son demasiado pequeñas para ser percibidas en la vida cotidiana, pero contienen información sobre que sucede en las profundidades del planeta.

Ahora, un estudio publicado en Nature encontró que una de las claves está en la interacción entre el núcleo interno de la Tierra y el manto que lo rodea.

Los investigadores Huifeng Zhang y Mathieu Dumberry, del Departamento de Física de la Universidad de Alberta, desarrollaron un modelo para analizar cómo distintas fuerzas dentro de la Tierra pueden modificar su velocidad de rotación.

El trabajo concluye que el principal mecanismo detrás de las variaciones que se producen durante varias décadas sería un torque gravitacional generado por el núcleo interno, aunque otras fuerzas actúan en sentido contrario y moderan su efecto.

Por qué un día no dura siempre exactamente 24 horas

Las 24 horas son una referencia basada en el tiempo que tarda la Tierra en completar la rotación sobre su eje. Pero el planeta no funciona como un reloj perfectamente uniforme.

La velocidad de rotación terrestre presenta fluctuaciones provocadas por diferentes procesos. Algunos ocurren en la superficie, como los movimientos de masas de hielo, los océanos, la atmósfera y grandes terremotos. Otros tienen su origen mucho más abajo, en la interacción entre el núcleo y el manto.

Cuando se produce un intercambio de momento angular entre estas capas, la rotación puede acelerarse o disminuir ligeramente. El resultado es una modificación de apenas unos milisegundos en la duración del día, pero que pueden detectarse mediante mediciones geodésicas de alta precisión.

Las variaciones que interesan particularmente a este estudio son las que se producen en escaladas de décadas. Los autores señalan que estas fluctuaciones ya se asociaban con el intercambio de momento angular entre el núcleo y el manto, pero todavía no estaba claro qué fuerzas eran responsables del proceso.

Las interacciones entre el núcleo interno, el núcleo externo y el manto pueden modificar la velocidad de rotación terrestre durante períodos de varias décadas.Shutterstock

¿Qué hay en el centro de la Tierra?

El núcleo terrestre está formado principalmente por hierro y tiene aproximadamente el tamaño de marte. Está dividido en dos partes: un núcleo externo líquido y un núcleo interno sólido.

El núcleo externo se encuentra en constante movimiento y sus corrientes de metal líquido generan el campo magnético terrestre. Dentro de esa capa fluida se encuentra el núcleo interno, que puede rotar de manera diferente al resto del planeta.

Esa diferencia es fundamental para entender el nuevo estudio. El núcleo interno no es una esfera perfectamente uniforme y contiene regiones con diferencias de densidad. En simultáneo, el manto tampoco presenta una distribución homogénea de materiales.

Según el modelo desarrollado por Zhang y Dumberry, la gravedad intenta mantener determinadas regiones más densas del núcleo interno alineadas con anomalías de densidad presentes en el manto. Cuando el núcleo interno se desplaza respeto a esa posición, la atracción gravitacional genera un torque que puede modificar la rotación del planeta.

El núcleo interno mantiene una especie de “tira y afloje”

La investigación describe una competencia de fuerzas. El torque gravitacional tiende a alinear el núcleo interno con el manto, mientras que los movimientos del núcleo externo generan efectos que pueden oponerse. Los investigadores incorporaron al modelo los torques electromagnéticos y topográficos en el límite entre el núcleo y el manto. Al considerar estos mecanismos, el modelo reproduce mejor las variaciones observadas en la duración del día.

Qué analizaron los investigadores

Para llegar a estas conclusiones, combinaron dos tipos de información. Por un lado, utilizaron reconstrucciones sísmicas de la rotación diferencial del núcleo interno, es decir, de cómo se mueve respecto del resto del planeta. Por otro, incorporaron modelos del flujo del núcleo externo elaborados a partir de cambios observados en el campo magnético terrestre.

Una de las bases del trabajo fue una investigación publicada en 2023 que utilizó ondas sísmicas producidas por terremotos para estimar cómo había cambiado la rotación del núcleo interno desde la década de 1960. Esos datos mostraron que el núcleo interno giraba ligeramente más rápido que el resto del planeta hasta alrededor de 2010 y que posteriormente comenzó a hacerlo más lentamente.

Con esa información, los investigadores construyeron un modelo capaz de comparar la contribución de las distintas fuerzas y reconstruir las variaciones de la duración del día durante varias décadas.

El estudio fue publicado el 23 de septiembre de 2026 en Nature, bajo el título Gravitational torque drives multidecadal variations in length of day.

Qué descubrieron y por qué es importante

En términos simples, el resultado principal es que el modelo explica mejor los cambios en la duración del día a lo largo de varias décadas cuando el torque gravitacional del núcleo interno es el factor dominante. Los efectos electromagnéticos y mecánicos actúan como una resistencia y moderan ese movimiento.

Esto no significa que el núcleo interno sea el único responsable de los cambios en la rotación terrestre. También intervienen otros procesos que ocurren en diferentes escalas de tiempo.

El estudio, además, aporta pistas sobre zonas del interior de la Tierra que no pueden observarse directamente. Los resultados sugieren estructuras particulares en la parte más profunda del manto y una capa rica en hierro y muy conductora en su base. También indican que el núcleo interno podría deformarse en períodos de pocos años.

En definitiva, esas pequeñas variaciones de milisegundos en la duración del día permiten estudiar procesos que ocurren a miles de kilómetros de profundidad.