

En las últimas semanas han surgido de parte de integrantes del Gobierno varias manifestaciones procurando crear un mejor “clima de negocios , y un marco más propicio para la inversión productiva. En este aspecto es muy importante hacer una serie de reflexiones para tener una idea más clara de lo que está pasando, y cuales podrían ser las medidas necesarias para que estas aspiraciones no sean solo palabras.
En primer lugar, hay que aceptar, aunque les moleste a muchos “vendedores de pesimismo , que la inversión global que ha tenido la Argentina es estos últimos años, es comparativamente alta, ya que ha superado los niveles más altos de las últimas décadas.
Aún eliminando del cálculo a la construcción, la demanda de equipos y maquinaria de producción ha venido creciendo a tasas superiores al 20%, lo mismo que la importación de bienes de capital, aún excluyendo celulares.
Estos niveles de inversión aumentarían más aún si se confirma la aprobación de la ley que desgravaría las ganancias de las Pymes que se destinen a aumentar su dotación de capital, siempre y cuando mantengan la relación con el trabajo empleado. Esta ley lograría además que muchas empresas “blanqueen a los trabajadores “en negro que siguen siendo muy numerosos, y que constituye la base de la evasión impositiva global.
¿Cuál es el problema entonces? La inversión ha sido alta en las empresas productoras de bienes de consumo, tanto en empresas grandes como chicas, nacionales o extranjeras. Pero ha sido muy baja en las empresas prestadoras de servicios públicos, y en las productoras de materias primas industriales, como acero, aluminio, productos químicos y petroquímicos, papel, etc., así como en las extractoras de petróleo y gas. Si uno observa la utilización de la capacidad instalada, son estos los sectores que tienen índices cercanos al 90%, lo que constituye claramente una señal de alarma.
La falta de inversión en estos sectores, donde prevalecen las empresas grandes y de capitales extranjeros, obedece a diversos factores, muchas veces vinculados entre sí. En primer lugar, las empresas de servicios públicos, ahora privatizados, tienen en casi todos los casos sus contratos en plena renegociación por cuestiones tarifarias. Esta indefinición está frenando el programa de inversiones, y en muchos casos, estas tienen relación con la generación y transporte de gas y energía eléctrica.
También han habido retrasos considerables en los planes de exploración petrolera, de los que depende la explotación de nuestras cuencas de petróleo y gas, especialmente este último, que es el insumo crítico para generar electricidad a un costo razonable. Los avatares de nuestra política energética, muchas veces afectada por los objetivos anti-inflacionarios de corto plazo, han generado una incertidumbre con respecto al abastecimiento normal de combustibles, en volumen y costo, en el futuro mediato. Cabe acotar que los precios controlados de la electricidad, el gas natural y los combustibles benefician principalmente a los sectores más ricos de la sociedad.
Esta incertidumbre energética, sumado a un clima de negocios paradójico –donde por un lado hay excelentes perspectivas empresarias, pero por otro cierta sensación de inestabilidad en las reglas del juego y controles crecientes– es lo que esta frenando la inversión en las empresas productoras de materias primas industriales.
Si se lograse destrabar las inversiones de las empresas privatizadas, regularizando su situación, y se despejase la cuestión energética, generando las condiciones para que se renueve vigorosamente la exploración y explotación petrolera, y la generación y transporte de electricidad, la inversión anual aumentaría en no menos de 6.000 millones de dólares. Esto nos permitiría superar ampliamente el 25% del PBI, lo que nos pondría en los niveles de Chile, el país que más invierte en el continente.
En conclusión, los altos niveles de inversión experimentados son consecuencia del crecimiento económico basado en una macroeconomía muy sólida, que permite mantener el Peso devaluado y las tasas de interés bajas, en un contexto de superávit fiscal. La aprobación de la ley que hace meses reposa en el Congreso impulsaría aún más este crecimiento, y facilitaría el proceso de normalización laboral. Pero sostener estos ritmos de crecimiento casi asiáticos, nos obligará a invertir aún más, en los sectores estratégicos, vinculados a la infraestructura y al abastecimiento de materias primas industriales. Estos son los aspectos críticos que deben superarse para evitar cuellos de botellas por cuestiones energéticas, o la escasez de ciertos insumos. No es para nada imposible de lograrse.










