

Desde el retorno de la democracia, argentinos y chilenos hemos sabido construir, con perseverancia y realismo, un vínculo que puede servir como modelo de relacionamiento para nuestra región. Prácticamente en todos los temas de nuestra agenda y en todos los niveles del gobierno y la administración se han ido generando mecanismos de entendimiento. Sólo como ejemplo, las fuerzas armadas han constituido una fuerza de paz conjunta para intervenir en operaciones bajo el mandato de las Naciones Unidas. Los vínculos económicos han llevado a multiplicar diez veces el volumen del comercio bilateral y han dado lugar a una inversión chilena en Argentina con proyectos productivos que ascienden a u$s 16 mil millones. A partir de este entendimiento, en el cual la integración es un hecho, las dos presidentas suscribieron el Tratado de Maipú, que es una verdadera hoja de ruta en el camino para profundizar la amistad y la cooperación que honra el sueño de los Libertadores.
La primera prueba del vigor que tiene esta integración, a la luz del encuentro de Maipú, ha sido la contundente respuesta ante el duro desafío que está viviendo el pueblo chileno a partir de la madrugada del 27 de febrero. La presidenta, Cristina Fernández, desde los primeros momentos, se puso a disposición de la ex Presidenta Michelle Bachelet y los integrantes del gobierno argentino ejecutaron todas las acciones con energía y entusiasmo. Allí, hemos visto que los argentinos han vivido el terremoto como propio. Se ha activado la raíz profunda de la solidaridad de nuestro pueblo que demostró, a través de su ayuda y expresiones empáticas, que comparte un destino con el pueblo chileno.
En estos días, han llegado desde Argentina 8 vuelos de aviones Hércules con tres hospitales de campaña, plantas potabilizadoras, 10 mil dosis de vacunas contra la Hepatitis A, más de 500 camiones con alimentos, ropa de abrigo, teléfonos celulares, grupos electrógenos y campamentos para la gente. Dicha ayuda continúa, día y noche, manifestándose por parte de la ciudadanía y las instituciones argentinas por muchas razones. Porque la integración con Chile va más allá de los matices que tienen las relaciones personales y los pensamientos ideológicos. Porque existe no sólo en la fortaleza institucional que se ha construido a través de los distintos actores gubernamentales a nivel central, sino también en el vínculo permanente entre las regiones y las provincias argentinas que han hecho que en medio de la crisis, los intendentes de las regiones de Chile llamaran a nuestros gobernadores para solicitar ayuda. Porque en el territorio vivido y sufrido, se desvanecen las barreras administrativas y nacionales. Y fundamentalmente, porque son las personas las que ofrecen ayuda de manera voluntaria y manifiestan su pesar por lo que viven los hermanos chilenos demostrando con sus actos el verdadero sentimiento de integración.
Tengo la profunda convicción de que este camino continuará y se fortalecerá ante el gobierno de Sebastián Piñera. El presidente así lo manifestó en diferentes ámbitos y encuentros. Incluso en su visita a la Presidenta Cristina Fernández, cuando era candidato, ratificó su voluntad por la profundización de los vínculos con Argentina.
El terremoto puede desviar las urgencias del nuevo Gobierno, pero no cambiará la perspectiva de integración con Argentina. Hemos iniciado un camino que ni chilenos ni argentinos quieren desandar. Es una construcción pétrea, sólida y “antisísmica . Realizada a largo plazo y construida para lograr beneficios mutuos y duraderos, de fortalecimiento de un destino común.
Por todo esto, la Presidenta Cristina Fernández, como representante del pueblo argentino acompaña, más que nunca, a la democracia chilena en pos de un futuro común. ¡Al gran pueblo chileno, salud!.









