

Durante varias noches de la semana pasada, un convoy de enormes camiones avanzó lentamente, con mucha custodia, por los oscuros caminos rurales del sudoeste de Francia, cargando la esperanza de Airbus, la empresa aeroespacial europea.
El destino de las gigantescas piezas de fuselaje era un hangar que tiene las dimensiones de una catedral y está al lado del aeropuerto de Toulouse. Allí comenzará a ensamblarse el superjumbo A380, de Airbus, el mayor avión comercial construido hasta ahora. Esta apuesta de 12.000 millones de dólares de la industria aerocomercial de Europa –respaldada por los gobiernos de Francia, Alemania, España y el Reino Unido–, apunta a darle el tiro de gracia al dominio estadounidense en el sector aeroespacial civil global.
Los enormes módulos verdes, que miden más de 10 metros de alto y hasta 28 metros de largo, y pesan alrededor de 60 toneladas cada uno, fueron transportados por mar, río y carretera desde las plantas de Airbus en distintos países de Europa. El vuelo inaugural del A380 debería concretarse en menos de un año.
Si tiene éxito, este avión de pasajeros de dos pisos y 555 asientos consolidará la supremacía de Airbus sobre Boeing. El año pasado, por primera vez la firma europea entregó más aviones que la empresa norteamericana. Con el A380, Airbus quiere terminar definitivamente con el lucrativo monopolio de Boeing en el mercado de aviones grandes. Pero los escépticos dicen que el A380 será un elefante blanco que buscará en vano clientes y sus críticos aseguran que el modelo es un dinosaurio industrial, excesivamente grande. Por su parte, Boeing, apostó al 7E7 Dreamliner, una nave mucho más chica, de entre 200 y 250 asientos.










