

En la semana pasada, el Ministerio de Economía dio a conocer una propuesta de Plan Ganadero, que constituye un primer paso en la dirección correcta, para salir de la crisis de la carne.
Las virtudes de la propuesta son varias. En primer lugar introduce el largo plazo en la discusión, y por lo tanto relativiza o diluye el conflicto por los precios que provocó la desproporcionada respuesta del Gobierno, al decidir frenar las exportaciones. La dificultad del tema ganadero transita por el doble rol de la vaca, como bien de capital para la reproducción, y como bien de cambio, para su venta como carne. Esto, sumado al largo período de gestación y engorde de los terneros, comparado con el de otras carnes, provoca inevitablemente oscilaciones bruscas en los precios, cuando se pasa de períodos de liquidación de vientres, al de retención.
La propuesta del Gobierno es fomentar el aumento de los stocks ganaderos, para posibilitar en cuatro años un incremento de la faena, y del peso de faena, que genere casi 20% más de producción de carne.
El otro aspecto central de la propuesta es la decisión de otorgar apoyo crediticio a los frigoríficos para cambiar la comercialización, hoy basada en la media res, y avanzar en la venta por cortes. Esto permitirá que mejore el perfil de los diferentes precios, que hoy muestran una gran disparidad frente a lo que sucede en otros países. Efectivamente, en nuestro país los mejores cortes, como los bifes y el lomo, tienen un precio demasiado reducido, en comparación con los cortes populares como el asado, la nalga, etcétera. Esto genera dos perjuicios graves: en primer lugar, si los cortes de calidad fueran más caros, al mismo precio del ganado en pie, los cortes populares podrían ser más baratos, favoreciendo a los consumidores de menores ingresos.
En segundo lugar, los bajos precios de los lomos y los bifes impiden el desarrollo de las carnes sustitutas, como el cerdo, el cordero, y el pavo, que podrían ser una excelente fuente de proteínas más baratas para nuestra sociedad, si se llevara adelante una campaña para promover su consumo. Paradójicamente, el cierre de las exportaciones opera en el sentido contrario, haciendo bajar mucho más el precio de los cortes de exportación, que los cortes de consumo interno.
Un aspecto muy positivo de esta modificación en la comercialización, es que permitirá a muchos frigoríficos, hoy ‘consumeros’, ingresar en el negocio de la exportación. Este objetivo requerirá ir avanzando hacia un standard único sanitario, tanto para los frigoríficos, como para el rodeo ganadero.
El Plan Ganadero, presentado para su debate y enriquecimiento por parte de las entidades privadas, tiene implícito que la Argentina puede ser un importante exportador mundial de carnes, y mantener un mercado interno abastecido adecuadamente, tanto en cantidad de kilos, como en sus precios. Efectivamente, no debería haber oposición entre vender al exterior, y al mercado interno, ya que la experiencia internacional demuestra exactamente lo contrario.
La amplitud del mercado interno es un factor determinante para el desarrollo exportador de la actividad ganadera. ¿Qué hubiera pasado con nuestra ganadería si no hubiera tenido el mercado interno durante la crisis de la aftosa hace 5 años?. Y las posibilidades de exportar ciertos cortes a precios muy convenientes, ayudan a mantener accesibles los consumos populares. Lo mismo ocurre en Francia con el vino, o en España con el aceite de oliva, donde coexisten los máximos consumos por habitante, con el liderazgo de las exportaciones.
Por las mismas razones, la Argentina podría en 10 años, recuperar su liderazgo en el mercado mundial de carnes, abasteciendo adecuadamente al mercado interno, que cada día incluye más a los turistas, atraídos en gran parte por la calidad de nuestras carnes, y de toda la actividad que las rodea.
Los 860 millones de pesos en subsidios anunciados podrían significar una reducción en las tasas de interés de 5 puntos, sobre más de $4.000 millones de créditos. Un cifra muy importante para cubrir inversiones en pasturas, mejoras sanitarias y reconversión de frigoríficos y carnicerías.
Quedan muchos temas pendientes para incorporar en el Plan Ganadero, como trazabilidad, regularización impositiva, mercados a término, y otros que surgirán de las reuniones en las próximas semanas. Es muy positivo que el diálogo se canalice por estos temas, y que pierda protagonismo la confrontación por las exportaciones, y las amenazas de un paro. El país y el sector ganadero necesitan que prevalezcan la sensatez y el pragmatismo.










