

La marca Tower Records volverá a cambiar de manos en el país. La compañía que tiene la licencia de la cadena norteamericana –propiedad de un grupo de empresarios locales que prefiere el anonimato– está por ser vendida y se dice que el nuevo dueño no está vinculado al negocio discográfico o musical.
A fines de junio, Tower cerró su local en la provincia de Córdoba. Y hace unos diez días, la firma –que está en concurso de acreedores– también bajó las persianas del local ubicado en Riobamba y Santa Fe, en pleno corazón de Barrio Norte.
Aunque en esa última plaza, la firma facturaba entre 150.000 y 160.000 pesos mensuales, el grupo que dejará el manejo de la marca arregló con el dueño del inmueble para darle libertad de acción. El valor de mercado de un alquiler en esa zona ronda los $ 25.000 y $ 30.000.
Tower pagaba una cifra muy inferior, según explicaron conocedores del asunto, ya que el dueño tenía votos y créditos en el concurso de la empresa, que asciende a los $ 3 millones, según explicaron en su momento los voceros de la compañía.
Expansión detenida
La cadena de venta de discos había abierto, en marzo, un local en el Buenos Aires Design, en el que invirtió $ 186.000. Esa sucursal continúa trabajando, al igual que las ubicadas en Village Recoleta, Córdoba y Florida, Puerto Madryn (Chubut) y La Plata.
Con esa cantidad de locales, la facturación de Tower Argentina rondaba los $ 500.000 mensuales. El plan era tener cerca de doce locales hacia fines de este año, pero esa estrategia puede ser modificada por los nuevos dueños.
Desde que desembarcó en el país, la suerte le fue esquiva a Tower Records. En abril de 1997, la compañía con base en California se largó en una sociedad entre la casa matriz y el empresario Eduardo Constantini, que tenía un 45% de las acciones, y otro socio, el músico Pablo Zetoné (5% del capital accionario).
La intención en ese momento era pelearle a Musimundo. En junio de 1998, el grupo retomó el control de las operaciones, con el pretexto de tener diferentes visiones para encarar el negocio con sus socios. Pero, hacia septiembre de 2001, la casa matriz quiso irse. Justo cuando estaba a punto de retirarse, apareció un fondo de inversión, Cóndor Ventures, que se quedó con la franquicia local.
Ese fondo tampoco lo encontró la vuelta, llevó la empresa a un concurso de acreedores y, en mayo de 2003, transfirió el fondo de comercio a otros dueños. Allí aparecieron Marcelo Fígoli, dueño de la productora Fénix, y Martín Ferraro, que tiene la cadena de electrodomésticos Malvinas. Pero, a los pocos meses, ellos vendieron su parte a un inversor anónimo.
El nuevo dueño se encontrará con un mercado discográfico en alza: creció en unidades un 24% en el primer semestre, en relación con el mismo período de 2003, y la facturación trepó un 40%, a $ 101,4 millones.











