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El oro saltó por encima de los u$s 5000 la onza y la plata rompió la barrera de los u$s 115. Es una tendencia que no responden a un único catalizador ni a un episodio aislado de euforia, sino que es el resultado de un proceso de meses de acumulación de riesgo, incertidumbre y desequilibrios que volvieron a poner a los metales preciosos en el centro del radar global.
En el corto plazo, el mercado reaccionó a una seguidilla de tensiones geopolíticas y señales políticas difíciles de ignorar. Las fricciones entre Estados Unidos, Europa y otros actores estratégicos, las amenazas arancelarias y los episodios que reavivaron dudas sobre la independencia de la política monetaria estadounidense reactivaron la demanda de activos refugio.
¿Qué hay detrás del rally?
El motor más profundo es fiscal. Los déficits elevados, la expansión persistente de la deuda pública y la pérdida de anclas creíbles en varias economías desarrolladas empujan a los inversores a privilegiar estabilidad por sobre rendimiento financiero.
El punto de inflexión coincide con el congelamiento de los activos del banco central ruso, que llevó a varias autoridades monetarias a reforzar sus reservas en oro como cobertura frente al riesgo geopolítico y financiero.
En paralelo, la información refleja que los ETFs de oro tuvieron un rol más limitado en la fase inicial del movimiento, con flujos netos negativos durante gran parte de 2023 y 2024, mientras los bancos centrales acumulaban más de 3.500 toneladas desde 2022.
Recién hacia 2025 los ETFs comienzan a estabilizar sus posiciones, sumándose a una tendencia ya instalada. La combinación de una demanda oficial persistente y la reaparición de flujos financieros intensificó la competencia por un stock de oro físico limitado, lo que contribuyó a una aceleración del precio y a una menor volatilidad a la baja, en comparación con ciclos anteriores.

En el caso de la plata, el movimiento fue aún más violento porque combinó ese clima macro con factores propios del mercado. Tras el shock arancelario de 2025, la relación oro/plata se disparó, lo que dejó al metal plateado claramente subvaluada frente al oro.
Desde entonces, el metal inició un proceso de “catch-up” que se aceleró con señales de desajustes en la oferta global y con su incorporación a la lista de minerales críticos de Estados Unidos, lo que reforzó su perfil estratégico, tanto desde el lado monetario como industrial.
La magnitud de la suba también refleja un fuerte componente de momentum. El oro registró su mejor desempeño semanal desde 2020 y la plata quedó ampliamente por encima de sus medias móviles de largo plazo.
Eso abre la puerta a correcciones técnicas y toma de ganancias, especialmente en la plata, donde los niveles de sobrecompra son evidentes. Sin embargo, mientras el mercado consolide y no colapse, la tendencia de fondo sigue siendo alcista, apoyada en un contexto macro favorable para los metales.
El oro se convierte en el activo estrella
Damián Vlassich, Team Lead de Estrategias de Inversión en IOL, explicó que el precio del oro alcanzó un máximo histórico durante la jornada de este lunes, impulsado principalmente por el aumento de las tensiones geopolíticas y la creciente presión política sobre la Reserva Federal (Fed). En ese contexto, el metal precioso se negocia por primera vez en torno a los US$ 5000 por onza.

En los últimos 12 meses, el oro acumuló una suba cercana al 80% en dólares. A su vez, 2025 quedó registrado en los mercados financieros como el año en el que dejó de ser un simple activo de resguardo para transformarse en uno de los instrumentos más rentables, con su mejor desempeño anual desde 1979.
Según Vlassich, el llamado “efecto Trump” fue uno de los principales catalizadores.
Sucede que la política exterior de Estados Unidos, marcada por una agenda agresiva de aranceles comerciales, reavivó los temores inflacionarios a nivel global. Ante la posibilidad de que el comercio internacional se vea afectado o que el dólar pierda estabilidad, los inversores incrementaron su exposición al oro.
A este escenario se sumaron las tensiones persistentes en Oriente Medio y la guerra en Ucrania, reforzando el rol del metal como principal activo de refugio en un contexto de alta volatilidad.
La política exterior de Estados Unidos, marcada por una agenda agresiva de aranceles comerciales, reavivó los temores inflacionarios a nivel global.
La demanda, además, no provino solo de los inversores privados. Bancos centrales de distintas potencias —con China a la cabeza— avanzaron en una estrategia de diversificación de reservas, reduciendo su dependencia del dólar estadounidense mediante compras récord de oro. Esta demanda institucional estableció un piso elevado para los precios y limitó las correcciones significativas a la baja.
Otro factor clave fue el giro en la política monetaria. Con la inflación mostrando señales de estabilización bajo nuevas políticas económicas, la expectativa de una baja de tasas comenzó a ganar terreno.
¿Quién gana?
El oro mantiene una relación inversa con las tasas de interés: cuando caen, se reduce el costo de oportunidad de mantener un activo que no paga intereses, lo que aumenta su atractivo frente a los bonos del Tesoro.
En paralelo, esta semana el presidente de la Fed, Powell, vinculó públicamente una investigación criminal en su contra con presiones de la Casa Blanca para forzar una reducción de tasas, denunciando un intento de vulnerar la independencia del organismo. Ese ruido institucional debilitó al dólar y agregó presión alcista sobre el precio del oro.
Finalmente, Vlassich destacó que las mineras fueron las grandes ganadoras del último año. Para quienes buscaron amplificar el rendimiento del metal, los Cedear de compañías del sector funcionaron como una alternativa apalancada: mientras el oro avanzó cerca de 80% en dólares desde enero de 2025, papeles como Barrick Gold (GOLD) y Harmony Gold (HMY) registraron subas del 221% y 126% en dólares, respectivamente.
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