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Dos Argentinas convivieron estos días en el Coloquio de IDEA en Mar del Plata. Una mira veinte años hacia adelante. La otra no consigue despegar los ojos de los próximos veinte días, o como mucho tiene la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2027.
La primera es la que los organizadores eligieron poner sobre los escenarios del 62° Coloquio, bajo el lema “Invirtiendo la historia. 20 años: de promesa a potencia”. Es una Argentina que ya habría dejado atrás la inestabilidad, que consiguió ordenar sus cuentas, bajar la inflación y construir reglas capaces de sostener la inversión. La pregunta que atraviesa las exposiciones es qué podría ocurrir si, esta vez, el país consiguiera mantener ese rumbo durante dos décadas.
La segunda Argentina apareció después de las exposiciones y en la conversación entre empresarios, en los famosos “pasillos” de IDEA. Allí el horizonte se achica drásticamente. Se habla de la actividad económica que perdió vigor, del consumo que todavía no termina de recuperarse, de la menor demanda de crédito, de la morosidad y de las decisiones de inversión que siguen condicionadas por la incertidumbre. También aparecen, inevitablemente, las elecciones. Hasta se calcula qué chances de ganar tiene Milei mirando el precio de los bonos de la deuda y su creciente tasa de retorno.
La opción de esperar
El propio Javier Milei quedó atrapado en esa misma paradoja. Desde París, durante su intervención ante el Coloquio, pidió paciencia a los empresarios: “Los procesos de crecimiento demandan mucho tiempo”. Pero también admitió que, en el actual escenario, “la opción de esperar tiene valor”.
En otras palabras, mientras IDEA intenta convencer a los empresarios de mirar a 2046, el propio Gobierno reconoce que muchas decisiones empresariales dependen todavía de lo que ocurra en 2027. Ahí aparece el verdadero contraste: la Argentina que se quiere construir a veinte años convive con la Argentina que todavía tiene que atravesar los próximos veinte días.
La estabilidad, en la visión planteada por IDEA, no constituye el punto de llegada sino el punto de partida. El desafío es evitar que la Argentina vuelva a caer en el ciclo conocido de expectativa, crecimiento, crisis y recomienzo
Fabián Kon, presidente del Coloquio y CEO del Grupo Galicia, buscó precisamente correr la discusión del cortoplacismo. En su discurso de apertura sostuvo que la Argentina ya tiene una agenda de estabilización que incluye equilibrio fiscal, independencia del Banco Central, reforma laboral y desregulación. Pero planteó que el interrogante siguiente es mucho más exigente: si el país puede sostener la estabilidad y crecer durante veinte años.
La diferencia entre ambas miradas no es menor. La estabilidad, en la visión planteada por IDEA, no constituye el punto de llegada sino el punto de partida. El desafío es evitar que la Argentina vuelva a caer en el ciclo conocido de expectativa, crecimiento, crisis y recomienzo que, según Kon, terminó destruyendo inversión, empleo, oportunidades y confianza.
Pero mientras esa discusión intenta imaginar el país que podría existir dentro de veinte años, la coyuntura sigue imponiendo sus propias preguntas. ¿Cuánto puede crecer la economía en el corto plazo? ¿Cuándo volverá el crédito? ¿Qué ocurrirá con el consumo? ¿Cómo evolucionará la morosidad? ¿Qué harán las empresas antes de que se despeje el panorama electoral?
La tensión entre ambos horizontes también se refleja en el comportamiento empresario. En los pasillos aparece la sensación de que muchas compañías siguen esperando definiciones antes de acelerar decisiones de inversión. El largo plazo entusiasma, pero el corto plazo condiciona.
La coyuntura sigue imponiendo sus propias preguntas. ¿Cuánto puede crecer la economía en el corto plazo? ¿Cuándo volverá el crédito? ¿Qué ocurrirá con el consumo? ¿Cómo evolucionará la morosidad? ¿Qué harán las empresas antes de que se despeje el panorama electoral?
Y, sin embargo, buena parte de las exposiciones buscó explicar por qué vale la pena discutir ese futuro.
El argumento central es que el mundo está atravesando transformaciones que pueden abrir una ventana de oportunidad para la Argentina. Geopolítica, inteligencia artificial, energía, demografía y recursos estratégicos están modificando las condiciones de competencia internacional. Para el país, la cuestión no sería simplemente tener recursos, sino contar con las condiciones para convertirlos en inversión, productividad y empleo.
La energía es uno de los ejemplos más evidentes. El escenario global necesitará más electricidad y, al mismo tiempo, petróleo y gas continuarán teniendo un papel relevante durante las próximas décadas. La inteligencia artificial plantea un desafío similar. Puede convertirse en una fuente de productividad y abrir nuevas oportunidades para empresas argentinas, pero también exige energía, infraestructura y capital humano.
La demografía introduce otra transformación menos visible pero igualmente profunda. La caída de la natalidad y el aumento de la longevidad están modificando la composición de los hogares, los mercados de consumo y el mercado laboral.
Y en el plano internacional aparece otro dilema: cómo moverse en un mundo atravesado por la rivalidad entre Estados Unidos y China. La conclusión planteada en el Coloquio es evitar una desconexión de cualquiera de las dos potencias y, al mismo tiempo, diversificar alianzas comerciales.
La caída de la natalidad y el aumento de la longevidad están modificando la composición de los hogares, los mercados de consumo y el mercado laboral.
El futuro que llegó
Todo eso forma parte de la Argentina de los próximos veinte años.
Pero para llegar hasta allí hay que atravesar la Argentina de los próximos veinte días.
Esa es la paradoja que atravesó el encuentro empresario. Mientras IDEA discute cómo será el país si consigue sostener la estabilidad durante dos décadas, las empresas siguen tomando decisiones en función de lo que ocurra en las próximas semanas. La visión de largo plazo necesita resolver primero una larga lista de problemas de corto plazo.
Mientras IDEA discute cómo será el país si consigue sostener la estabilidad durante dos décadas, las empresas siguen tomando decisiones en función de lo que ocurra en las próximas semanas.
El propio estudio presentado por IDEA intenta ponerle una dimensión concreta a ese futuro: sus modelos estiman que diez años de estabilidad y crecimiento podrían llevar a un aumento de 50% del PBI per cápita.
El desafío consiste en que la segunda no termine devorándose a la primera. Porque la Argentina que se discute para 2046 solo podrá existir si, esta vez, logra resolver los problemas que todavía la mantienen pendiente de lo que pueda ocurrir mañana.