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El nuevo escenario de Bank of America (BofA) para la Argentina contempla un dólar a $1600 para diciembre de 2026 y a $2000 para fines de 2027, junto con una recuperación económica “más lenta” de lo previsto.

En su informe último informe sobre proyecciones para la región, el banco volvió a recortar su proyección de crecimiento de 2% a 1,4% del PBI para este año y de 3,3% a 3,1% para el próximo.

El banco atribuye esta revisión a “la debilidad del consumo, la caída de la inversión y el impacto de las tasas de interés elevadas”, aunque anticipa una oferta de dólares “sostenida por las exportaciones”.

Pese al menor crecimiento, el gigante de Wall Street mantiene una perspectiva “favorable” para los bonos argentinos, pero advierte que las tasas internacionales elevadas limitan su potencial de recuperación.

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El detalle de las proyecciones

El cuadro comparativo del banco muestra un recorte de 2% a 1,4% en la expansión del PBI prevista para 2026 y de 3,3% a 3,1% para 2027. Al mismo tiempo, eleva la inflación esperada al cierre de cada año: de 30% a 30,3% para diciembre próximo y de 18,1% a 18,9% para diciembre de 2027.

Las nuevas cifras describen una economía que crecerá y desacelerará sus precios, pero con menos impulso del que anticipaba la entidad. Para el mercado, ese ritmo resulta clave porque una recuperación más firme podría fortalecer las expectativas sobre la continuidad del programa económico, uno de los factores que BofA identifica como respaldo para los bonos argentinos.

El dólar

La trayectoria cambiaria prevista contempla un dólar a $1700 al cierre del primer trimestre de 2027, $1800 para junio y $1900 para septiembre. La tabla anual de Argentina y el cuadro global de monedas coinciden en $2000 para diciembre de 2027.

A partir de esos valores, el aumento del tipo de cambio entre los cierres de 2026 y 2027 sería de 25%. Es un cálculo sobre las proyecciones del banco, que para ese último año espera una inflación de 18,9%. El recorrido del dólar nominal quedaría así por encima de la suba prevista de los precios internos.

El respaldo cambiario que destaca BofA proviene del comercio exterior. Sus estimaciones ubican las exportaciones de bienes en u$s 102.700 millones para 2026 y el superávit comercial en u$s 30.900 millones. Para la cuenta corriente, que también incorpora servicios, rentas y transferencias, proyecta un saldo positivo equivalente a 0,4% del PBI.

El informe señala que las compras de divisas del Banco Central superaron los u$s 15.000 millones en el año, aunque su ritmo se moderó desde julio. También recoge la expectativa de las autoridades de alcanzar compras por entre u$s 17.000 millones y u$s 20.000 millones, apoyadas en una buena oferta de dólares.

La mejora externa convive, sin embargo, con un panorama más débil para el gasto interno. En sus proyecciones de cara al cierre del año, BofA prevé una caída de 8,3% de la inversión y de 0,6% del consumo privado, mientras las exportaciones reales crecerían 7,4%. La diferencia muestra por qué la disponibilidad de divisas puede mejorar mientras la recuperación tarda en extenderse a la economía doméstica.

El banco atribuye esa demora al impacto de las tasas de interés muy elevadas durante el período electoral del año pasado y al alto nivel de “préstamos irregulares entre los consumidores”. Son dos factores que pesan sobre la capacidad de financiar el gasto y postergan una expansión más amplia.

Para 2027, el BofA contempla una recuperación de 11,7% de la inversión y de 2,9% del consumo privado. El banco considera que las reformas estructurales y el auge exportador podrían “generar un círculo favorable, con minería, energía, bancos y tecnología entre los sectores que deberían liderar la mejora”.

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El financiamiento en dólares es otra pieza del escenario. La entidad describe un plan oficial para atender necesidades de deuda en moneda extranjera por u$s 44.000 millones entre 2026 y 2027. Según ese esquema, este año tendría un excedente de financiamiento de u$s 3700 millones y el próximo aparecería completamente cubierto.

Esa cobertura depende de los supuestos del plan, que no contempla emisiones de bonos globales y prioriza alternativas de menor costo. El informe también menciona el swap con China como una opción si no se renuevan bonos bajo ley local. Se trata de las fuentes previstas para atender los pagos, cuya disponibilidad debe distinguirse de las reservas de libre uso.

“Bullish” en los bonos argentinos

Pese a la revisión del crecimiento, BofA mantiene su recomendación de sobreponderar los bonos externos argentinos y considera que la caída reciente ofrece una oportunidad de compra. Su apuesta se apoya en el compromiso fiscal, las perspectivas de nuevas mejoras de calificación crediticia y la posibilidad de que una recuperación económica mejore las expectativas de continuidad de las políticas.

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La advertencia aparece en el frente internacional. El banco reconoce que los mayores rendimientos globales reducen el potencial de suba de los bonos argentinos antes de las elecciones de 2027, porque vuelven menos probable una operación de administración de pasivos.

En su análisis regional, BofA considera más probable que las tasas reales de EEUU sigan al alza a que bajen. Explica que el auge de inversión en inteligencia artificial contribuye a elevarlas, pero también impulsa los precios de las materias primas y ayuda a contener los diferenciales de riesgo de América Latina. Ese respaldo es, a su juicio, principalmente cíclico.

Para la Argentina, la combinación deja una exigencia concreta. Y es que sostener la oferta de dólares y convertir la mejora exportadora en una recuperación más amplia, mientras las tasas estadounidenses encarecen el financiamiento.

BofA mantiene su visión favorable sobre la deuda soberana, aunque identifica las bajas reservas internacionales, un deterioro de la aprobación presidencial y medidas que debiliten el equilibrio fiscal entre los riesgos para esa apuesta.