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Cavallo celebró este viernes el proyecto oficial para reformar la Carta Orgánica del Banco Central, que Milei anunció en cadena nacional, aunque advirtió que su éxito dependerá de blindarla con garantías legales sólidas y duraderas.

También trazó un paralelismo histórico: según Cavallo, el empeño de Milei por bajar el gasto, eliminar el déficit, abrir la economía y desregular se parece mucho al de Carlos Menem en los años ‘90, aunque con distinta velocidad.

Independencia real del Banco Central y prohibición de financiar el déficit

Según Cavallo, el proyecto recupera dos principios centrales de la reforma de 1992:

  1. El objetivo excluyente de la política monetaria debe ser defender el valor del peso.
  2. Queda prohibido el financiamiento monetario del déficit fiscal.

El exministro subrayó que el texto debería llevar estas violaciones al Código Penal. Además destacó que la reforma avanza en resguardar la independencia del Banco Central, un reclamo que, según explicó, comparten economistas de casi todo el mundo.

Cavallo recordó que ese mismo marco legal, aprobado en 1991 y perfeccionado en 1992, sostuvo la convertibilidad durante una década antes de ser desmantelada en 2002. Para él, esa destrucción explica buena parte de los males económicos posteriores.

Cavallo fue más allá: si el Gobierno busca una verdadera libre competencia entre el peso y el dólar, como prometió Milei en campaña, la reforma necesita dos añadidos clave que hoy faltan en el proyecto:

  1. Declarar al dólar moneda de curso legal con las mismas propiedades que el peso.
  2. Prohibir cualquier restricción al movimiento de capitales, sancionando a quienes la violen igual que a quienes financien el déficit.

El guiño a Bulgaria, el país de Kristalina Georgieva

Cavallo dedicó buena parte de su análisis al caso búlgaro. En 1997, tras una hiperinflación que superó el 2000% anual, Bulgaria adoptó una caja de conversión atada primero al marco alemán y luego al euro.

El propio Cavallo repasó cómo la experiencia argentina de los ‘90 inspiró a los países bálticos y, más tarde, al FMI para recomendar mecanismos similares a Bulgaria, entre otros países del este europeo golpeados por crisis monetarias.

Cavallo dedicó buena parte de su análisis al caso búlgaro.

El economista recordó que fue precisamente la directora gerente del FMI quien reabrió el debate. En una reunión con empresarios en Buenos Aires, Georgieva preguntó “por qué terminó la convertibilidad en Argentina luego de 10 años de vigencia”.

Nadie supo responderle con precisión, señaló Cavallo, algo que —dijo— revela las dudas que genera hoy el rumbo económico argentino. Por eso decidió repasar en detalle la experiencia búlgara: la de un país que sí logró sostener su estabilidad tres décadas.

El artículo cierra ese tramo con una inquietud dirigida a la propia Georgieva: si Bulgaria pudo sostener su régimen 29 años hasta adoptar el euro en 2026, la pregunta abierta es por qué la Argentina no logró lo mismo.

Disciplina fiscal y marco legal: la clave de la permanencia

Para Cavallo, la lección búlgara es clara: una caja de conversión no sobrevive por sí sola. Su continuidad dependió del saneamiento bancario, la reducción del gasto público y la acumulación sostenida de reservas internacionales.

Según Cavallo, el proyecto recupera dos principios centrales de la reforma de 1992.

El exministro remarcó que Bulgaria mantuvo superávit fiscal en 13 de sus 27 años de vigencia del régimen y sostuvo la deuda pública muy por debajo del límite exigido por la Unión Europea.

Cavallo destacó que el modelo búlgaro atravesó también la crisis financiera internacional de 2008 y 2009 sin devaluar ni abandonar la caja de conversión, algo que —remarcó— demuestra que la disciplina fiscal previa dio margen de seguridad.

De ahí su insistencia en el marco legal: sin una ley que blinde la regla monetaria y encarezca políticamente su violación, ninguna reforma de este tipo perdura en el tiempo, sostuvo Cavallo, citando también su diálogo con el jurista Horacio Liendo.

La estabilidad es solo el punto de partida

Sin embargo, Cavallo fue categórico en su advertencia final: la estabilidad monetaria es apenas el punto de partida, no el programa completo de desarrollo económico que necesita la Argentina para crecer de manera sostenida.

Sin una ley que blinde la regla monetaria y encarezca políticamente su violación, ninguna reforma de este tipo perdura en el tiempo, sostuvo Cavallo.

Puso como ejemplo el propio caso búlgaro: pese al éxito monetario, cerca de un millón de personas emigró y el problema del empleo nunca se resolvió del todo. La estabilidad no crea por sí sola puestos de trabajo.

Por eso remató con un llamado a completar la agenda: hacen falta reformas estructurales en educación, capacitación laboral y fomento del emprendedurismo, áreas que, advirtió, el mercado no resuelve por sí solo.

Finalmente, Cavallo insistió en que la perdurabilidad de cualquier reforma —monetaria o no— exige un consenso amplio que trascienda a los gobiernos de turno y se sostenga en los principios constitucionales alberdianos que, dijo, deben guiar la organización económica del país.

El debate legislativo por la nueva Carta Orgánica recién comienza, pero para Cavallo la oportunidad de terminar bien esta vez depende de las decisiones que se tomen ahora.