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El sistema financiero argentino registró en febrero de 2026 una tasa de irregularidad del 13,2% sobre el total de la cartera de deudores. Es el nivel más elevado desde la salida de la convertibilidad, superando los picos registrados durante la crisis subprime (2008/2009), la de la gestión de Mauricio Macri (2018/2019), y la de la pandemia (2020/2021).
Este repaso histórico, que realizó la central de riesgo Fidelitas sobre datos del Banco Central, impiden hablar de una crisis generalizada del crédito: el impacto no es homogéneo, ya que las empresas parecen absorber la estabilización con relativa resiliencia, mientras los hogares la están pagando en cuotas, con morosidad creciente.
La mora nacional casi se cuadruplicó desde su mínimo de 3,6% en septiembre de 2024 hasta el 13,2% de febrero de 2026 —en solo 17 meses—, tras una fase de compresión que tocó fondo en el segundo semestre de 2024.
En las personas físicas alcanzó el 19,7%, mientras las jurídicas operan con el 4,2%. Una brecha de 15,5 puntos porcentuales, la más amplia de toda la serie.
Radiografía
El sistema de clasificación del BCRA distingue cinco situaciones crediticias, de menor a mayor gravedad: Situación 1 (Normal), situación 2 (atraso de menos de 90 días), situación 3 (atraso mayor a 91 días, seguimiento especial), situación 4 (Con alto riesgo de insolvencia) y situación 5 (Irrecuperable).
“Las provincias con mayor participación del empleo público, menor desarrollo del sector privado local y más alta informalidad son invariablemente las que encabezan el deterioro crediticio”.
La composición de la cartera irregular de febrero de 2026 revela que el problema está lejos de ser superficial: en situación 2 está el 28,2% de la mora. Son deudores con primeros signos de irregularidad, aún en zona de potencial recupero con gestión activa, mientras en situación 3 está el 26,7% de la mora.
Con incumplimientos reiterados, recupero incierto, en situación 4, está el 30,9% de la mora, que es el tramo de mayor peso individual. Mientras que el recupero más improbable y procesos judiciales en marcha, que es la situación 5, está el 14,2% de la mora, que representa una pérdida prácticamente asumida
Líder
El interior profundo lidera el deterioro: La Rioja (23,8%), Santa Cruz (21,6%), Catamarca (19,7%) y Santiago del Estero (19,7%) encabezan el ranking. CABA opera, en promedio de personas y empresas, con apenas el 5 por ciento.
“El ranking provincial de mora no es aleatorio. Traza, con precisión estadística, el contorno de la Argentina de la dependencia fiscal: las provincias con mayor participación del empleo público, menor desarrollo del sector privado local y más alta informalidad son invariablemente las que encabezan el deterioro crediticio”, afirma Félix El Idd, CEO de Fidelitas.
Mora grave
El dato crítico, advierten en Fidelitas, es que el 71,8% de la cartera irregular corresponde a situaciones 3, 4 y 5 —lo que el mercado denomina “mora grave”—. Solo el 28,2% restante corresponde a mera vigilancia especial, que es la situación 2.
“Este ratio indica que la crisis de repago ya no es principalmente un fenómeno de nuevos ingresantes al incumplimiento: hay una masa consolidada de deuda que migró aguas abajo en la clasificación”, detallan.
La cartera irregular de febrero de 2026 equivale aproximadamente al doble del presupuesto anual de la Provincia de Buenos Aires en valores nominales de 2026.
Otra lectura, proveniente del mapa de la mora por empresas, es la situación que afecta a economías regionales, como las de Corrientes, Chubut (caída de la actividad petrolera convencional y el turismo), Santiago del Estero, La Rioja, Mendoza (vitivinicultura en declive) y La Rioja.
Altas tasas
No es un residuo marginal del sistema: es una masa de crédito deteriorado que presiona sobre provisiones, rentabilidad y capacidad de originación de nuevos préstamos. Sobre estos saldos inciden tasas que, especialmente en personas físicas, resultan casi impagables.
Como acción inmediata para los bancos, sugieren segmentar exposición por tipo de deudor y geografía, como asimismo aplicar mayor selectividad crediticia en provincias de alto riesgo.