Hello Kitty quedó arrastrada a un enfrentamiento diplomático entre China y Japón, mientras diplomáticos y analistas buscan señales de distensión en una disputa que ya lleva un año, que congeló las relaciones y alteró los vínculos comerciales.

Sanrio, la empresa detrás de la marca multimillonaria, anunció el jueves que pondrá fin a su colaboración con una serie de televisión japonesa que había desatado la furia en China por su representación de la historia bélica.

La compañía, que había vendido versiones de Hello Kitty con disfraces inspirados en la serie de espionaje, pidió disculpas en una publicación en redes sociales, en la que afirmó que la serie utilizaba “expresiones incompatibles con la filosofía corporativa de Sanrio”.

El tabloide nacionalista estatal chino Global Times advirtió el jueves en un editorial que “Hello Kitty no debería bailar con la derecha japonesa”.

El episodio se produjo tras una serie de indicios recientes de que ambas partes podrían estar acercándose a una “salida”. Diplomáticos y expertos señalaron que los dos países incluso evaluaban un histórico apretón de manos entre el líder chino, Xi Jinping, y la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, al margen del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec) que se celebrará en Shenzhen el mes próximo.

La ruptura diplomática se desencadenó por los comentarios de Takaichi en el Parlamento el año pasado, cuando dijo que Japón podría involucrarse militarmente en caso de una invasión china a Taiwán. Esas declaraciones desataron una disputa que tensó las relaciones sino-japonesas, provocó una feroz guerra de propaganda en redes sociales y deterioró gravemente los vínculos comerciales entre Tokio y su principal socio comercial.

La disputa, además, mostró pocas señales de ceder. China acusó a Takaichi de conducir a Japón por un camino de remilitarización que recuerda a la década de 1930. Takaichi, que no ocultó su antipatía hacia China, goza de altos índices de aprobación a nivel interno gracias a su negativa a retractarse de sus dichos.

El diario estatal chino People’s Daily apuntó en particular contra la serie de espionaje japonesa Vivant, que mostraba a organismos de inteligencia chinos torturando a sus rivales japoneses con métodos que, según el periódico, fueron “usados por el ejército invasor japonés, con pruebas irrefutables”.

Si bien muchos expertos consideran que Xi y Takaichi están demasiado aferrados a sus posiciones como para reducir la tensión, algunos analistas y diplomáticos señalaron hechos recientes que podrían sugerir un tímido cambio de tono.

El miércoles, un think tank chino vinculado al Estado organizó en Beijing un simposio conjunto con la Organización de Comercio Exterior de Japón, con el objetivo declarado de “identificar formas de aliviar las fricciones y construir un mecanismo para reparar los vínculos”.

A principios de esta semana, Xi envió un mensaje de condolencias a la familia de Yasuo Fukuda, ex primer ministro japonés que murió la semana pasada y que había trabajado para mejorar las relaciones. El mensaje elogió la “visión correcta de la historia” de Fukuda y expresó la esperanza de que los actuales políticos japoneses “salvaguarden con firmeza la base política de las relaciones bilaterales”.

China acusó a Takaichi de conducir a Japón por un camino de remilitarización que recuerda a la década de 1930.

“Ellos [Beijing] sienten con mucha fuerza que se acorralaron a sí mismos con una respuesta demasiado rápida y demasiado dura a su comentario [el de Takaichi] sobre Taiwán”, dijo Joerg Wuttke, socio de DGA Group en Washington. “Así que tiene que haber algún mecanismo para que se los vea con ella sin ceder demasiado”.

Wuttke señaló que un apretón de manos entre Xi y Takaichi en la Apec recordaría a un encuentro de 2014, cuando el fallecido primer ministro japonés Shinzo Abe y Xi intercambiaron un gélido apretón de manos tras una serie de duras disputas.

Sin embargo, muchos expertos restaron importancia a las perspectivas de un deshielo inminente.

Jeffrey Hall, experto en relaciones internacionales de la Universidad de Estudios Internacionales de Kanda, afirmó que la postura anti-China de Takaichi es popular en su país, donde predominan las opiniones negativas sobre Beijing.

“La Apec podría ser una oportunidad si ella la quiere, pero ¿la quiere?”, dijo. “Tiene que equilibrar a su base interna, a la que simplemente no le gusta China, con los deseos de la comunidad empresarial japonesa, que preferiría que las cosas marcharan sin sobresaltos”.

“En muchos sentidos, es un blanco perfecto para la propaganda antijaponesa”, agregó.