Tras ocho turbulentos años, Jay Powell se despidió el miércoles de su cargo como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, en una reunión en la que la institución mantuvo las tasas de interés sin cambios por tercera vez consecutiva. Es un detalle positivo que, además, haya roto con la tradición al elegir permanecer como gobernador de la Fed “por un tiempo”. Su gestión no estuvo exenta de errores. Sin embargo, Powell fue un defensor resuelto y eficaz de la independencia del banco central más importante del mundo frente a las presiones de Donald Trump, quien sigue empeñado en bajar el costo del crédito. Su presencia continuada respaldará la credibilidad de la Fed.
Kevin Warsh, el elegido del presidente estadounidense para reemplazar a Powell, está ahora listo para tomar las riendas a mediados de mayo. El viernes pasado, el Departamento de Justicia anunció que abandonaría una cuestionable investigación penal contra Powell relacionada con una renovación de la sede de la Fed valuada en u$s 2.500 millones, que había impedido que el comité bancario del Senado aprobara la nominación. Al permanecer en el cargo, Powell garantizó que la junta de la Fed sea un muro de contención más sólido frente a la influencia del presidente. La decisión implica que Stephen Miran, ampliamente considerado un títere de Trump, deberá ceder su asiento en la junta. La Corte Suprema aún analiza el intento del presidente de destituir a otra gobernadora, Lisa Cook, acusada de fraude hipotecario, acusación que ella niega.
Durante el mandato de Powell al frente de la Fed, la institución enfrentó desafíos económicos sin precedentes, desde la pandemia de Covid-19 hasta los aranceles del “día de la liberación” de Trump. En ese período, existen críticas legítimas que señalan que el banco central tardó demasiado en reaccionar al repunte de la inflación en la era pospandémica y que permitió que su hoja de balance se expandiera en exceso. Aun así, merece reconocimiento la firme defensa que hizo Powell de la independencia de la institución, en medio de intensos ataques legales y verbales por parte de la segunda administración Trump. Al mantenerse firme frente a las presiones, contribuyó a evitar turbulencias en los mercados financieros e incluso una inflación aún más elevada.
Warsh, sin embargo, asume en un momento de prueba. La Fed está dividida entre subir las tasas para contener las crecientes presiones inflacionarias derivadas de la guerra en Irán y los aranceles, o mantenerlas sin cambios. Él sabe que el presidente quiere ver bajar las tasas, ya que la preocupación creciente de los votantes por el costo de vida erosiona el índice de aprobación del mandatario. La decisión de Powell de continuar en el cargo también podría generar cierta volatilidad en los mercados, aunque aclaró que no tiene intención de socavar a Warsh actuando como un “presidente en la sombra”.
Sobre el papel, Warsh es una persona de confianza. Ya ejerció como miembro de la junta de la Fed. En 2010 pronunció un discurso titulado “Una oda a la independencia”. En una audiencia la semana pasada, expuso algunas propuestas razonables para mejorar el banco central. Quiere que la institución analice un espectro más amplio de datos y reduzca la frecuencia con la que los funcionarios de la Fed hablan sobre política monetaria en los medios, algo que a veces puede oscurecer el mensaje de la institución. También tiene previsto limitar el tamaño del balance del banco, lo cual tiene sentido, siempre que se lleve a cabo de manera calibrada.
En la práctica, todavía tiene que demostrar que es capaz de resistir las presiones de Trump. Ha moderado su históricamente tendencia restrictiva en materia de política monetaria, quizás para ganarse el favor del presidente. Y ha respaldado la idea de que la inteligencia artificial impulsará la productividad lo suficiente como para permitir recortes de tasas sin desatar inflación, aunque es demasiado pronto para tener certeza sobre el impacto económico de la tecnología. Warsh podría optar por refugiarse detrás del voto mayoritario de la junta —y de la presencia de Powell en ella— para esquivar la ira del presidente. Pero con los mayores costos en los surtidores impulsando las presiones de precios y elevando las expectativas de inflación, será mejor para los mercados y para los banqueros centrales del mundo entero que, al igual que su predecesor, demuestre rápidamente que tiene carácter.
