La administración Trump le impuso un nuevo arancel del 25% a las importaciones provenientes de Brasil, en momentos en que una creciente grieta en las relaciones bilaterales se cierne sobre las próximas elecciones en el país sudamericano.
El Representante de Comercio de EE.UU. (USTR) anunció la medida en la noche del miércoles, alegando prácticas comerciales desleales en áreas como los pagos electrónicos, el mercado del etanol, la propiedad intelectual, la aplicación de normas anticorrupción y la protección ambiental.
Los aranceles entrarán en vigencia más adelante este mes, dijo un funcionario estadounidense. Según especialistas, entre los productos afectados se encuentran la madera, la maquinaria y el etanol de maíz.
“Las prácticas comerciales desleales de Brasil les han impedido a los trabajadores y productores estadounidenses acceder a este importante mercado de más de 210 millones de consumidores”, dijo el Representante de Comercio de EE.UU., Jamieson Greer. “Las extensas negociaciones con Brasil durante el último año no lograron resolver estos problemas.”
La medida incluyó exenciones considerables para bienes que EE.UU. no produce en gran escala o para los cuales depende de Brasil, como la carne vacuna, el café, el jugo de naranja y las piezas para aeronaves, en momentos en que el gobierno de Trump intenta contener un creciente problema de encarecimiento del costo de vida de cara a las elecciones legislativas de medio término de noviembre.
El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó al presidente de izquierda de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de no negociar “de buena fe”.
“Sus políticas económicas son malas para los estadounidenses y malas para los brasileños. Durante el último año, Lula antepuso su propio ego a alcanzar un acuerdo por el bienestar del pueblo brasileño, y estos aranceles son el precio de eso”, escribió en X.
El gobierno brasileño sostuvo que no había “ninguna justificación” para las “medidas unilaterales”. Prometió una represalia recíproca y llevar la disputa ante la Organización Mundial del Comercio.
“Brasil no reconoce la legitimidad de investigaciones que carecen de fundamento en las reglas multilaterales del comercio. A pesar de esto, nunca abandonamos la mesa de negociación para defender los intereses nacionales”, señaló.
El gravamen se apoya en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, que le permite a la Casa Blanca abrir investigaciones sobre las prácticas de los socios comerciales. Se espera que la administración Trump anuncie en las próximas semanas una serie de aranceles bajo la Sección 301, en momentos en que busca reconstruir los gravámenes sobre bienes importados que la Corte Suprema de EE.UU. había anulado a comienzos de este año.
En momentos en que el presidente Donald Trump busca reafirmar la influencia estadounidense en toda América Latina, el gobierno brasilero considera que los reclamos responden más a motivaciones políticas que comerciales.
El país había señalado previamente que cerca de una quinta parte de sus exportaciones anuales a EE.UU., que suman u$s 37.700 millones, se verían afectadas por el gravamen, propuesto por primera vez por el USTR el mes pasado junto con las conclusiones de una investigación de casi un año de duración.
El arancel es la más reciente de una serie de medidas estadounidenses contra Brasil que alimentaron las tensiones diplomáticas entre las dos democracias más grandes de América.
EE.UU. etiquetó recientemente a un par de bandas brasileñas de narcotráfico como organizaciones terroristas extranjeras, pese a la oposición de Brasil, que advirtió que esto podría derivar en una intervención militar estadounidense.
Los seguidores de Lula temen que el endurecimiento de la postura estadounidense pueda escalar hacia una injerencia en las elecciones de octubre. El veterano líder de izquierda acusó a su principal rival, el senador de derecha Flávio Bolsonaro, de haber contribuido a que se impusiera el arancel del 25%.
El hijo del expresidente encarcelado y aliado de Trump, Jair Bolsonaro, se reunió con el mandatario estadounidense en el Salón Oval días antes de que el USTR recomendara el gravamen. Flávio Bolsonaro negó las acusaciones e instó a Washington a postergar la imposición de los aranceles hasta después de los comicios.
Este desarrollo socavó el acercamiento que venía gestándose luego de que Trump le impusiera a Brasil un arancel del 50% el año pasado, en un intento fallido de lograr que se retirara una causa judicial contra Jair Bolsonaro.
Diplomáticos brasileños creen que el deterioro de las relaciones refleja el ascenso de los halcones dentro del Departamento de Estado y el lobby de los “bolsonaristas”, que sostienen que el expresidente es víctima de una persecución política.
Entre los señalamientos del USTR sobre políticas irrazonables o discriminatorias figura el sistema brasileño de pagos electrónicos instantáneos y gratuitos. Washington sostuvo que perjudica a las empresas estadounidenses de tarjetas de crédito y débito.
Un alto funcionario de la administración dijo que EE.UU. también constató que Brasil les ofrece aranceles más bajos a India y México que a EE.UU. El funcionario señaló que esto es “incompatible” con las obligaciones internacionales de Brasil.
Brasil argumentó ante el USTR que estos denominados aranceles preferenciales se ajustan a las normas de la OMC.
El organismo también criticó la aplicación de las normas anticorrupción y las acciones para combatir la deforestación ilegal, que se había disparado durante el gobierno de Jair Bolsonaro y cayó significativamente bajo la gestión de Lula.
