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Escapadas: el pueblito negro a 2 horas de Madrid que es ideal para pasar un fin de semana lleno de misterios

La Vereda: un refugio de arquitectura negra donde tradición y conservación se entrelazan en la sierra de Guadalajara.

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En el corazón de la sierra de Guadalajara, se halla La Vereda, un enclave único en la constelación de pueblos de arquitectura negra conocidos por sus construcciones en pizarra. ¿Qué distingue a este rincón de sus vecinos similares?

¿Cuál es la singularidad de La Vereda?

Este enclave conserva su genuinidad gracias al esfuerzo de la Asociación Cultural "La Vereda", una entidad sin fines de lucro dedicada a preservar y restaurar el pueblo utilizando técnicas y materiales ancestrales. Su lucha contra el olvido y la ruina de la arquitectura vernácula es narrada con pasión en su sitio web.

La Vereda, otrora un pueblo sometido a las inclemencias y el abandono por su ubicación remota, fue adquirido en 1972 por el entonces Instituto para la Conservación de la Naturaleza (Icona) con fines de reforestación. Sin embargo, en 1975, un grupo de jóvenes entusiastas de la arquitectura negra logró salvar a La Vereda y Matallana, un poblado vecino, de la demolición, dando paso a la creación de la Asociación Cultural que hoy custodia su legado.

La iglesia de La Vereda. (Imagen: Wikimedia Commons / Ada1990)

Acceso a La Vereda, a 2 horas de Madrid

El camino hacia La Vereda, un serpenteante sendero de tierra lleno de baches, es tan auténtico como el destino mismo. El desvío inicia en la carretera GU-195, cerca de Valdesotos, poco después de un antiguo puente romano. Las señales guían a los visitantes a lo largo de 20 kilómetros de naturaleza pura, ofreciendo miradores espectaculares de la Sierra Norte de Guadalajara y la prominente figura del pico Ocejón.

Un aparcamiento a las afueras del pueblo es el preludio a una experiencia inmersiva en una época pasada, con viviendas que parecen brotar de las montañas pizarrosas y que conviven con la naturaleza y la fauna local.

La esencia de la arquitectura negra

La Vereda es un testimonio viviente de la arquitectura negra. Sus edificaciones homogéneas, distribuidas alrededor de una iglesia, muestran las típicas chimeneas y hornos adosados a muros exteriores

Aquí, el tiempo parece detenerse: no hay asfalto ni electricidad, y los miembros de la asociación se iluminan a la antigua usanza, con lámparas de aceite y velas, cocinando con leña y manteniendo las técnicas de antaño.

La asociación, que se extiende a simpatizantes de varias localidades cercanas, invita a nuevos socios a participar activamente en la conservación del pueblo, de acuerdo a lo que relata el sitio web Claves de Mujer Viajera.

El esfuerzo de restauración es tan arduo como manual, sin fecha de culminación, donde el amor por trabajar con elementos naturales es esencial. La rehabilitación se extiende a cada rincón del pueblo, incluyendo hornos, calles y huertas, y se complementa con actividades culturales que abarcan desde la cerámica hasta la recolección de frutas para mermeladas locales y la restauración de azafranales.

La Vereda no es solo un lugar, es una experiencia de conexión con las raíces y la naturaleza, un proyecto de pasión y persistencia donde cada piedra y cada viga cuentan una historia de comunidad y conservación.

Plaza de Ricardo y Emilia en La Vereda. (Imagen: Wikimedia Commons / Borjaanimal)
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