

España vive un envejecimiento demográfico intenso, con una proporción creciente de personas mayores de 65 años que supera décadas anteriores.
Este grupo, que representa una parte relevante de la población y que espera vivir con independencia y confort durante la tercera edad, se enfrenta a retos residenciales que van más allá de la simple tenencia de un hogar.

Aunque muchos mayores tienen una casa en propiedad, las cifras recientes muestran que casi una de cada cuatro personas mayores de 65 años sufre problemas asociados a su vivienda o a sus condiciones de vida en ella.
Las dificultades abarcan desde la exclusión residencial hasta carencias de confort, estabilidad y recursos económicos suficientes.
La realidad de la vivienda para los mayores de 65 años en España
Los datos sobre la situación de la población mayor de 65 años y su relación con la vivienda evidencian un desafío social persistente. Un estudio reciente revela que el 22,7% de los hogares encabezados por personas mayores de 65 años está en situación de exclusión residencial, lo que significa que su vivienda o sus condiciones de vida asociadas no cumplen con estándares mínimos de adecuación y bienestar.
Este porcentaje, que corresponde a casi una de cada cuatro personas en esta franja de edad, refleja que no es suficiente tener una vivienda propia para garantizar una vida digna. Incluso en propiedad, existen problemas relacionados con la accesibilidad, el mantenimiento adecuado y el ajuste de las necesidades de las personas mayores a su entorno residencial.
La propiedad sí es mayoritaria: cerca del 87,8 % de los mayores de 65 años vive en una vivienda en propiedad. Sin embargo, esa posesión no excluye la presencia de dificultades para subsistir después de pagar los gastos de la casa, mantener una temperatura adecuada o enfrentar humedades y goteras en sus hogares.
Por qué surgen estas dificultades entre los mayores
La problemática residencial de la población mayor no surge en el vacío, sino que se alimenta de diversos factores sociales, económicos y demográficos:
- Dependencia del alquiler: aunque la mayoría es propietaria, entre quienes viven de alquiler la situación se agrava. Más de la mitad de los mayores que alquilan se encuentran en exclusión residencial, una proporción muy superior a la de quienes son propietarios.
- Costes y precariedad económica: un 13,8% de los mayores no dispone de recursos suficientes para vivir con comodidad tras pagar la vivienda, lo que incluye gastos básicos como luz o alimentación.
- Dificultades de mantenimiento: cerca de un 18% afronta problemas relacionados con la temperatura o el estado físico de su vivienda, como humedades o goteras que afectan al confort y la salud.
La combinación de estos elementos crea una realidad en la que poseer una casa no es sinónimo de vivir con dignidad en la vejez.
La soledad y el entorno social como factores agravantes
Otro aspecto que complica la ecuación residencial de las personas mayores es la soledad y el aislamiento. Las cifras muestran que la proporción de mayores de 65 años que vive sola en España se ha multiplicado en las últimas décadas, pasando de ser minoritaria a casi la mitad de los hogares en este grupo etario.
Este fenómeno tiene consecuencias más allá del mero hecho de vivir sin compañía: la soledad influye en la salud, el bienestar emocional y la capacidad de acceder o mantener servicios y apoyos necesarios para una vida plena en una vivienda adecuada.
Según una encuesta de percepción social del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), casi el 70% de la población consultada reconoce que las personas mayores tienen “muchos o bastantes problemas”, en los que se cuentan aspectos asociados a la vivienda o a su calidad de vida en general.
Qué implicaciones tiene esta situación para el futuro de los españoles
La situación actual dibuja un escenario donde el envejecimiento poblacional y las dificultades residenciales convergen, exigiendo respuestas tanto del sector público como de la sociedad en general:
- Políticas de vivienda que contemplen a los mayores: la legislación vigente en España, como la Ley por el derecho a la vivienda, busca garantizar acceso a una vivienda digna, aunque queda por ver cómo se traduce en soluciones concretas para la tercera edad.
- Modelos alternativos de alojamiento: ante el envejecimiento de la población y las necesidades emergentes, surgen propuestas de viviendas adaptadas, comunidades de convivencia o soluciones intermedias entre la residencia tradicional y la vivienda individual.
- Refuerzo del apoyo comunitario y servicios sociales: combatir la exclusión residencial pasa también por fortalecer redes de acompañamiento, servicios de reparación o adaptación de viviendas y medidas que promuevan la participación social de las personas mayores.

La interacción entre la propiedad, la asequibilidad, las condiciones físicas de los hogares y el bienestar social de las personas mayores muestra que el reto de la vivienda en la vejez es complejo y multifacético.
Con una población adulta mayor en crecimiento, la respuesta a estos desafíos será uno de los grandes asuntos pendientes de las políticas públicas y la sociedad española en los próximos años.














