En esta noticia
- El error al hacer testamento que puede complicar una herencia entre hermanos
- Dos hermanos y dos pisos: el ejemplo que explica dónde comienza el conflicto
- El legado: la herramienta al hacer testamento que puede facilitar el reparto
- Qué pasa con el cónyuge viudo si no hay testamento
- La legítima pone límites a lo que puede decidirse en el testamento
- Cuándo conviene revisar un testamento
Otorgar testamento es una de las decisiones más importantes a la hora de organizar una herencia. Hacer testamento permite dejar por escrito cómo se quiere distribuir el patrimonio y puede facilitar considerablemente los trámites posteriores para los herederos.
Sin embargo, hacer testamento no garantiza por sí solo que desaparezcan los conflictos. Una redacción demasiado genérica, un patrimonio compuesto principalmente por viviendas o la existencia de varios herederos con intereses diferentes pueden complicar el reparto de la herencia.
El abogado especializado en sucesiones Abel Marín Riaguas, autor de Protege tu herencia, advierte precisamente sobre algunos de estos problemas. En una entrevista con La Voz de Galicia, señaló cuál considera uno de los errores más frecuentes: “Ir al notario para firmar la plantilla de un testamento que no entiende”.
El error al hacer testamento que puede complicar una herencia entre hermanos
Para Marín, hacer testamento exige comprender qué se está firmando y pensar de antemano cómo puede funcionar el reparto cuando llegue el momento. El problema no aparece necesariamente por la existencia de una herencia elevada, sino por la forma en la que los bienes deben distribuirse entre distintas personas.
El abogado plantea además una manera particular de entender una herencia: “Legales, pero inmerecidas. Son un regalo. Y deberíamos mirarlas desde la óptica del agradecimiento y no como si fuera un derecho”.
La situación se vuelve especialmente delicada cuando una herencia entre hermanos incluye inmuebles. Las viviendas no pueden dividirse con la misma facilidad que el dinero depositado en una cuenta y tampoco todos los herederos tienen necesariamente los mismos planes para ellas.
“Lo más habitual es que la herencia se comparta con hermanos y con la viuda o viudo”, explica Marín. Cuando existen varios interesados, alcanzar un acuerdo sobre la valoración, adjudicación o venta de los bienes puede convertirse en uno de los puntos más complejos del reparto de la herencia.
Dos hermanos y dos pisos: el ejemplo que explica dónde comienza el conflicto
Marín utiliza un ejemplo sencillo para mostrar el problema. Dos hermanos reciben dos viviendas de sus padres. Una tiene un valor de 500.000 euros y la otra de 200.000 euros.
Entregar una vivienda a cada hermano no solucionaría automáticamente el reparto de la herencia, porque existe una diferencia patrimonial importante entre ambos bienes. Como explica el abogado: “al que le toca el de 200.000, dirá que no está de acuerdo, porque no valen lo mismo”.
A partir de ahí pueden aparecer otras tensiones familiares. Marín señala: “detrás de esto, cada hijo tiene sus cónyuges... hay yernos, nueras... hay celos también entre hermanos, envidias desde pequeños”.
El problema puede ser todavía mayor si una vivienda queda compartida entre varios herederos. Si todos quieren vender, la solución puede resultar relativamente sencilla. Pero si uno pretende conservarla o utilizarla mientras los demás quieren desprenderse del inmueble, el desacuerdo puede prolongarse.
El legado: la herramienta al hacer testamento que puede facilitar el reparto
Una alternativa que destaca Marín es el legado. Esta figura permite que el testador disponga específicamente de determinados bienes a favor de una persona, dentro de los límites establecidos por la legislación sucesoria aplicable.
En el ejemplo anterior, el testamento podría organizar expresamente la adjudicación de los inmuebles y prever las compensaciones necesarias para mantener el equilibrio que corresponda entre los beneficiarios. De esta forma, hacer testamento de manera más detallada puede reducir parte de la incertidumbre posterior.
El Código Civil contempla expresamente los legados dentro de las disposiciones testamentarias. No obstante, cualquier planificación debe respetar los derechos que correspondan a los herederos forzosos y las legítimas aplicables.
Por eso, la utilidad de esta herramienta no reside simplemente en escribir qué vivienda recibirá cada persona. El objetivo es anticipar cómo encajan esas adjudicaciones en el conjunto del patrimonio y en los derechos sucesorios existentes.
Qué pasa con el cónyuge viudo si no hay testamento
Otro de los puntos sobre los que advierte Marín es la situación del cónyuge viudo. Existe la idea de que, cuando uno de los miembros del matrimonio fallece, la pareja superviviente puede seguir disponiendo automáticamente de todo el patrimonio.
“Hay una falsa creencia de que el viudo disfruta de todo mientras viva y no es así”, señala el abogado.
Bajo las reglas del Código Civil común, cuando una persona fallece sin testamento y deja hijos o descendientes, estos ocupan el primer lugar en la sucesión intestada. Además, el cónyuge viudo que concurre con hijos o descendientes tiene reconocido el usufructo del tercio destinado a mejora.
Esto significa que propiedad y usufructo pueden quedar repartidos entre distintas personas. Por ello, si el objetivo es proteger especialmente a la pareja, hacer testamento permite ordenar la sucesión dentro de los límites que establece la ley.
Es importante tener en cuenta que esta explicación corresponde al régimen del Código Civil común. En España existen comunidades y territorios con derecho civil propio, por lo que las reglas sucesorias concretas pueden variar según la vecindad civil y el régimen aplicable.
La legítima pone límites a lo que puede decidirse en el testamento
Hacer testamento no significa disponer libremente de todo el patrimonio en cualquier circunstancia. El Código Civil establece la figura de los herederos forzosos y reserva determinadas porciones de la herencia mediante la legítima.
En el régimen común, los hijos y descendientes son herederos forzosos respecto de sus padres y ascendientes. Por ello, las disposiciones destinadas a organizar una herencia entre hermanos deben respetar esos límites.
Esta cuestión resulta especialmente relevante cuando se utilizan legados, se adjudican viviendas concretas o se intenta favorecer a uno de los descendientes. Una planificación incorrecta puede provocar que determinadas disposiciones tengan que ajustarse posteriormente.
Por eso, el consejo central que se desprende de las explicaciones de Marín no consiste simplemente en hacer testamento, sino en comprender qué se firma y adaptar el documento a la situación familiar y patrimonial concreta.
Cuándo conviene revisar un testamento
Marín sostiene que el momento de hacer testamento llega cuando existe algo que dejar. Pero el documento tampoco debería entenderse necesariamente como una decisión que se toma una sola vez y permanece intacta durante toda la vida.
Un divorcio, una nueva pareja, el nacimiento de descendientes o cambios relevantes en el patrimonio pueden modificar por completo las circunstancias que existían cuando se decidió hacer testamento.
Revisar el documento después de cambios familiares importantes permite comprobar si las disposiciones continúan reflejando la voluntad del testador y si siguen siendo adecuadas para el patrimonio existente.
En definitiva, planificar el reparto de la herencia puede evitar que decisiones que parecen sencillas —como dejar una vivienda a varios hijos— terminen convirtiéndose en un foco de desacuerdo. La clave está en que el testamento no sea una mera plantilla, sino un documento adaptado a cada situación.