

Una pareja holandesa logró lo que parecía imposible: resucitar un pueblo abandonado en la España vaciada y convertirlo en un ejemplo de sostenibilidad y revitalización rural.
Se trata de Bárcena de Bureba, una pequeña aldea en la provincia de Burgos, Castilla y León, que llevaba alrededor de 45 años sin habitantes, con sus calles convertidas en ruinas y sin servicios básicos como agua ni electricidad.

La historia de los holandeses que compraron un pueblito español
En 2024, Maaike Geurts y Tibor Strausz, una pareja procedente de Países Bajos, decidieron comprar el pueblo entero. Esta locación estaba compuesta por unas 62 casas y fincas mayoritariamente en estado de abandono.
Su sueño era devolverle la vida y transformarlo en un destino atractivo para quienes buscan una existencia más conectada con la naturaleza y la comunidad.
Al llegar, se encontraron con un lugar sin infraestructuras: ni luz ni agua corriente. Sin embargo, su ingenio y compromiso con la autosuficiencia les permitieron superar estos obstáculos rápidamente
Las innovaciones de la pareja: electricidad y filtrado de agua
Entre las estructuras instaladas más destacadas por parte de Geurts y Strausz está la red eléctrica propia. Justamente, utilizaron un contenedor marítimo equipado con paneles solares y baterías de almacenamiento, lo que les proporciona energía suficiente incluso para mantener la calefacción durante los duros inviernos burgaleses.

“Compramos un contenedor marítimo, le instalamos unos paneles solares con una batería en su interior, y ya está funcionando”, explican con orgullo en un video junto a la youtuber Kirsten Dirksen.
Otro logro clave ha sido el sistema de filtrado de agua del río cercano, que convierte el agua del cauce en potable para beber, cocinar, lavar alimentos o ducharse.
“Uno de los principales motivos para elegir este pueblo fue el río, es lo más importante. Así que filtramos el agua directamente de él”, comentan. Gracias a estas soluciones sostenibles, el pueblo ya cuenta con servicios básicos funcionales y se ha convertido en un modelo de ecoaldea autosuficiente.
El pueblo que vuelve a florecer con sus nuevos habitantes
El proyecto va más allá de su propia vivienda: la pareja invita a otras personas a sumarse, comprando y reconstruyendo las ruinas restantes para formar una comunidad basada en valores como la sostenibilidad, la cooperación y la creatividad.
De acuerdo al Diario de Burgos, ya son trece personas que viven en el pueblo, la mayoría de Países Bajos, a excepción de un catalán, su pareja norteamericana y un burgalés.












