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A comienzos de siglo, Estados Unidos puso a prueba una solución contra el calor que difícilmente podía ser más sencilla: cubrir de blanco los tejados de cientos de viviendas de Filadelfia. No había paneles solares ni una nueva tecnología detrás, solo aprovechar una propiedad física conocida desde hace siglos: que las superficies claras reflejan la radiación solar en lugar de absorberla.

Los resultados del llamado Philadelphia Cool Homes Project mostraron que una intervención barata podía reducir el calor que entraba en las viviendas y, sobre todo, el consumo eléctrico necesario para refrigerarlas. Un experimento que, dos décadas después, sigue resultando llamativo por su sencillez y sus efectos.

Los motivos por los que pintar los tejados de blanco alivianó el calor.
Los motivos por los que pintar los tejados de blanco alivianó el calor.

En qué consistió el experimento

Entre 2001 y 2003, la Energy Coordinating Agency de Filadelfia instaló revestimientos blancos reflectantes en los tejados de aproximadamente 340 viviendas ocupadas por personas mayores con bajos ingresos, en su mayoría las características casas adosadas de la ciudad.

La intervención buscaba comprobar hasta qué punto podía reducirse el calor evitando que las cubiertas oscuras absorbieran tanta radiación solar. Y era especialmente relevante porque se probó sobre una población doblemente vulnerable: tanto al calor extremo como al coste de mantener las casas refrigeradas.

Cuánto bajó la temperatura y el consumo

Los resultados dieron la razón al experimento. Las temperaturas máximas de la superficie interior de los techos descendieron entre 2,2 y 2,8 °C, mientras que en los dormitorios superiores sin aire acondicionado la temperatura máxima del aire cayó alrededor de 1,1 °C.

Pero el dato más llamativo apareció en la factura eléctrica: cada vivienda redujo de media unos 560 kWh al año en la electricidad destinada al aire acondicionado. Para una intervención basada esencialmente en aplicar un revestimiento sobre un tejado ya existente, el experimento demostró que impedir que el calor entrara en una casa podía ser tan importante como gastar energía expulsándolo después.

Por qué funciona un tejado blanco

La explicación está en una propiedad física sencilla. Un tejado oscuro absorbe buena parte de la radiación solar y la transforma en calor, mientras que uno blanco o muy reflectante devuelve una proporción mucho mayor hacia el exterior. Esa capacidad se mide con el albedo, una escala de 0 a 1: cuanto más alto, más radiación refleja una superficie.

Por eso un buen “tejado frío” (cool roof) combina una elevada reflectancia con la capacidad de liberar el calor que sí absorbe, lo que reduce la temperatura de la cubierta, la transferencia de calor hacia el interior y, al final, el trabajo que debe hacer el aire acondicionado.

No era un caso aislado: en 1995, una escuela de Florida ya había reducido su consumo en 13.000 kWh tras pintar su tejado de blanco, y varios estudios en California confirmaron caídas notables de temperatura y de gasto energético.

De enfriar casas a enfriar ciudades

El interés de los tejados blancos va más allá de la factura individual. Las superficies oscuras de edificios y carreteras contribuyen a la llamada isla de calor urbana, que puede hacer que las ciudades estén varios grados más calientes que sus alrededores. Por eso, desde los años ochenta, distintos investigadores estudiaron si aumentar las superficies reflectantes podía combatir ese fenómeno.

Sus estimaciones llegaron a sugerir que elevar el albedo de tejados y pavimentos a escala mundial tendría un efecto climático considerable, aunque se trata de una equivalencia teórica y no de emisiones realmente retiradas de la atmósfera. La solución, eso sí, no es perfecta: los tejados blancos acumulan suciedad y pierden reflectividad con los años, y en regiones frías pueden ser una desventaja en invierno, al reflejar también el sol que ayudaría a calentar la casa.