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En plena Edad Media, cuando Castilla luchaba contra los almohades por el control de la península, surgió una historia que dividió a la corte y marcó el imaginario popular. Se trata del romance atribuido a Alfonso VIII y Rahel la Fermosa, una mujer judía de Toledo cuya relación con el monarca generó un conflicto que trascendió lo personal y se convirtió en un asunto político de primera magnitud.

Las primeras referencias escritas sobre esta historia aparecen en los Castigos e documentos de Sancho IV, compuestos después de 1292. El texto advierte sobre los peligros del adulterio y menciona que Alfonso VIII pasó siete años con una judía de Toledo, lo que según el relato habría provocado el castigo divino en forma de la derrota de Alarcos en 1195. Más tarde, Alfonso X el Sabio incluyó el relato en su Crónica General, donde describe cómo el rey se encerró con Fermosa en el castillo de La Galiana.

Los amores del monarca con la judía de Toledo

Según las crónicas medievales, Alfonso VIII se casó con Leonor de Inglaterra en 1170, convirtiéndose en cuñado de Ricardo Corazón de León. Sin embargo, poco después habría iniciado una relación con Rahel, también conocida como Rajel Bat Ezra. Los textos describen que el rey permaneció recluido con ella durante años, descuidando sus obligaciones como monarca.

Las fuentes afirman que bajo la influencia de esta relación, varios judíos españoles fueron designados para diversos cargos en la Corte Real. El médico Al-Fakkar llegó a ejercer como visir y embajador, además de convertirse en Rabino Mayor de Castilla. Esta situación generó el descontento de nobles y clérigos, quienes veían en el romance una amenaza tanto moral como política. Incluso el papa Inocencio III mostró su rechazo a este vínculo con una mujer de otra fe.

Ilustración de la rendición y entrega de las llaves de la ciudad por parte de los musulmanes al rey cristiano.
Ilustración de la rendición y entrega de las llaves de la ciudad por parte de los musulmanes al rey cristiano.Fuente: ShutterstockShutterstock

¿Qué pasó con Rahel la Fermosa según las crónicas?

Los relatos medievales coinciden en un desenlace trágico. Según la tradición, un grupo de nobles castellanos, instigados por la reina Leonor de Inglaterra y preocupados por el abandono de los asuntos del reino, decidieron asesinar a Rahel. Las versiones señalan que aprovecharon una cacería del rey para ejecutar su plan, matando a la judía en el castillo de La Galiana.

Alfonso VIII habría quedado devastado por la noticia. Según recoge Abraham S. Marrache en su obra La Historia de Fermosa: la amante de Alfonso VIII (Hebraica Ediciones, 2009), el dolor del monarca fue profundo y nunca se recuperó completamente de la pérdida. Algunos textos añaden que como acto de penitencia, el rey fundó el Monasterio de Las Huelgas en Burgos, donde hoy reposan los restos de Alfonso y Leonor. El monarca falleció el 6 de octubre de 1214, seguido por la reina apenas unas semanas después.

Una leyenda para explicar las derrotas militares

Los historiadores debaten la veracidad de esta historia. Muchos consideran que el relato fue creado por el pueblo para justificar la derrota de Alarcos, ocurrida el 19 de julio de 1195. En aquella batalla, las tropas castellanas de Alfonso VIII fueron derrotadas por el ejército almohade de Yusuf II cerca de Ciudad Real. La derrota desestabilizó al Reino de Castilla y frenó el avance de la Reconquista durante 17 años.

Atribuir el desastre militar a una supuesta distracción del rey por sus amores con una judía servía como explicación moral para una pérdida difícil de aceptar. Sin embargo, como señala el historiador Gonzalo Martínez Díez en su biografía Alfonso VIII: Rey de Castilla y Toledo (1158-1214) (Editorial Trea, 2007), el monarca demostró ser un gobernante capaz. En 1212, lideró la coalición cristiana que venció a los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa, considerada uno de los hitos más importantes de la Reconquista. Aquella victoria el 16 de julio marcó el declive definitivo del poder musulmán en la península.

La historia de Rahel la Fermosa inspiró durante siglos a escritores y dramaturgos. Lope de Vega escribió sobre ella en múltiples ocasiones, al igual que otros autores del Siglo de Oro. La leyenda trascendió fronteras y llegó a Alemania, donde Franz Grillparzer compuso su drama “Die Jüdin von Toledo” en 1851. Más recientemente, el escritor Lion Feuchtwanger publicó su novela “La judía de Toledo” en 1954. José María Manuel García-Osuna y Rodríguez también abordó la figura del monarca en El gran rey Alfonso VIII de Castilla, el de las Navas de Tolosa (Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2009).

Esta tradición literaria demuestra cómo un relato medieval, de dudosa historicidad, se convirtió en un símbolo de los conflictos religiosos y políticos de la España medieval.